HOMBRES DE DIOS

Por el Dr. David Cortés Peña

1 Timoteo 6:11-12

 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.

El apóstol Pablo le escribe al joven Timoteo, y entre muchas cosas que sin duda hicieron sacudir al corazón de éste joven predicador fueron las palabras que acabamos de leer: “Oh hombre de Dios”. ¿Quién era Timoteo? Un joven que empezaba su ministerio, alguien que sentía día tras día la indignidad de estar en el ministerio y que no acababa de asombrarse que el  Señor lo hubiese puesto en obra tan extraordinaria como lo es la Obra de Dios.

Timoteo era hijo de una Señora que se había casado con un griego, y como resultado de ese matrimonio mixto, había nacido él. Un muchacho en el cual se pusieron los ojos del más grande misionero de todos los tiempos, el gran apóstol Pablo, el cual le había dicho que le acompañase en su viaje misionero porque él creía que Dios le podía usar.

Los días y meses habían pasado pronto, ahora Timoteo estaba a cargo de la Iglesia cuando recibe una carta del apóstol Pablo, entre todas las cosas que le escribe le dice: “Mas tú, oh hombre de Dios.” Sin duda alguna que esto le hizo sentir un escalofrío desde la cabeza hasta los pies, le hizo sentir un peso más grande de responsabilidad ya que alguien de mucho respeto le estaba llamando “Hombre de Dios”. Por muchos días resonarían en sus oídos y en su corazón las Palabras que había leído en esa carta “Hombre de Dios”. Porque el título más honroso que se le puede dar a un hombre es: “Hombre de Dios.”

Hay muchos hombres de negocios, hombres de mundo, hombres de letras, hombres de política, hombres de finanzas, hombres de deporte. Hay  muchos hombres de farándula, pero hay muy pocos hombres de Dios.

Lo que nuestro mundo necesita no son hombres de negocios, ya hay muchos; no son hombres de finanzas, ni de política, ya hay muchos que se pelean entre sí; ya no necesitamos más hombres de deporte, ya no necesitamos mas hombres de letra ni de cultura, lo que necesitamos desesperadamente son hombres de Dios. La iglesia debería de estar con toda la piedad y clamor pidiendo al Señor constantemente: Señor, danos hombres de Dios.

Sí, necesitamos nuevos edificios, necesitamos más recursos para ampliar nuestras instalaciones y multiplicar nuestros ministerios,  necesitamos muchas cosas materiales pero sobre todas las cosas necesitamos hombres de Dios.

¿Sabe por qué no podemos hacer muchas cosas en la iglesia? Porque no hay hombres de Dios. ¿Sabe por qué no podemos tener todos los ministerios musicales? Porque no tenemos hombres de Dios que los ministren. Siempre estamos sufriendo de vacíos en nuestras escuelas dominicales porque nos hacen falta hombres de Dios. Necesitamos institutos bíblicos en cada una de las iglesias locales para levantar obreros para la Obra del Señor, pero escasean hombres de Dios que vengan a dar las clases. Nos hacen falta hombres de Dios para las escuelas y seminarios bíblicos, para orfanatos y hospitales, para casas cuna, para iglesias y misiones, para uno y mil ministerios que la iglesia puede desarrollar.

El clamor que debe de salir del corazón de la iglesia debe de ser:  Señor, danos hombres de Dios. ¿Quiénes serán los que van a detener la inmoralidad? ¿Quiénes son aquellos que van a señalar el camino de la verdad? ¿Quién va a enseñar a la familia la humildad, la sencillez, el honor, el respeto y las virtudes? ¿Quiénes son los que van a proclamar el nombre glorioso de nuestro Señor Jesucristo? ¿Quiénes son los que van a advertir a las multitudes acerca del pecado? ¿Quiénes van a señalar la diferencia entre lo que es de Dios y lo que no es de Dios? ¿Quiénes son aquellos que van a responder las preguntas difíciles que se hacen en el seno de los hogares, y las mentes inquietas que necesitan el conocimiento de Dios?

¡Claro que no serán los políticos! ¡No serán los hombres de negocios! ¡Serán los hombres de Dios! Lo que nuestros países hispanos necesitan no son nuevos políticos, ni nuevos movimientos, ni nuevos grandes hombres que dirijan la historia o la política, lo que nuestro país necesita, son hombres de Dios.

Los hombres de Dios no se hacen en las iglesias; los hombres de Dios no salen ni siquiera de los institutos o seminarios bíblicos, muchos de los estudiantes salen peor que como entraron en su fe. ¿Sabe de dónde salen? Del seno de los hogares cristianos, es ahí en donde están los futuros hombres de Dios. Son aquellos hijos de miembros de las iglesias que probablemente son cuidados en la sala de cuna, en los departamentos infantiles.

Si nosotros oramos porque el Señor nos dé hombres de Dios para nuestro país, hombres de Dios para nuestra raza, pues ellos son los únicos que van a hacer por la gracia de Dios la diferencia en el futuro. Es entonces cuando van a suceder las grandes conferencias que necesitamos y las grandes iglesias que esperamos ver en un futuro cercano.

Los pastores estamos buscando por doquier hombres de Dios que vengan a ayudarnos  a levantarnos los brazos, que nos ayuden con los ministerios que tenemos a cuestas, hombres valientes y decididos, hombres esforzados, hombres fieles a toda costa, pero tienen que ser hombres de Dios.

Quisiera que cada uno de  los hermanos que constituyen o representan una iglesia, al leer esto terminaran con una gran carga en su corazón y oraran: Señor, te ruego que hagas de mi hijo un hombre de Dios.

Todavía los hermanos y las hermanas de nuestras iglesias, tienen miedo de pensar que uno de sus hijos se vaya a dedicar al ministerio. Están pensando que sus hijos deben tener un buen puesto en la sociedad y en la economía para que los saquen de una vez de la pobreza.

—¡Estudia! El mundo es de los audaces.— Les dicen los padres a los hijos. —Tienes que estudiar para que no seas pobre como yo, tienes que esforzarte en la escuela para que salgas adelante y un día nos saques de ésta condición pobre en que siempre hemos vivido; para que no vivas en el rancho como yo viví.— Y no pasa por su mente ni la remota idea que lo que debe preparar no es un hombre que va a encumbrarse en lo económico sino, un hombre de Dios.

Necesitamos un ejército de hombres de Dios que prediquen con poder, que enseñen con poder, que defiendan la verdad con poder, que oren con poder, que proclamen con poder la verdad, que señalen con valentía, que frenen el pecado, que se paren delante de reyes, políticos y presidentes con el poder de lo alto. Nadie lo hará, a menos que sea un hombre de Dios. Nos hacen falta hombres de Dios.

En Estados Unidos hubo grandes hombres de Dios, pero se están extinguiendo, están pasando. De los que hoy quedan, muchos han vendido la verdad, se han comprometido con movimientos modernos, han caído en las garras del pecado y de la inmoralidad. Señor, danos hombres de Dios.

Ustedes y yo somos los únicos que podemos comprender esta verdad indiscutible, no vamos a orar: Oh Señor, danos un cambio, un cambio en la política, un cambio en finanzas del país. Oh Señor, impide las cosas que están pasando en las guerrillas y en los movimientos multitudinarios. Señor, detén tanta injusticia y tanta impiedad, narcotráfico e inmoralidad. ¿Sabe quién es el que va a detener todo eso? Hombres de Dios que vayan a los pueblos y ejidos, aldeas y grandes ciudades con el poder de lo alto a predicar. Necesitamos pedir por hombres de Dios. Las mujeres deben de tener en su corazón y en su pecho la profunda convicción que la sagrada tarea que le ha sido asignada es forjar de ese muchacho un hombre de Dios. Criar como Loida a Timoteo, un hombre de Dios.

A veces nosotros creemos que los hombres de Dios vienen del planeta Marte, o que vienen de ciudades muy grandes como Chicago o Nueva York con una personalidad arrolladora. No sabemos que los hombres de Dios, el Señor los quiere levantar de entre nuestros chiquillos latosos que nadie aguanta. Los papás debieran tener un profundo sentido de responsabilidad y sentir en sus espaldas una inmensa carga de saber que lo que ellos no hicieron por su ignorancia, porque andaban en idolatría, en borracheras, en adulterio y en el pecado que vienen arrastrando, el cual les impide predicar con poder, no pudieron hacer porque ya están viejos y cansados, lo pueden hacer sus hijos, si se dedicaran a criar en cada uno de ellos, un hombre de Dios.

No es cierto que va a venir un rayo del cielo con una tremenda descarga de quién sabe cuánta potencia y se va a poner sobre el muchacho más sobresaliente, sobre el más distinguido, sobre el más elocuente de la congregación, y de él se va a levantar automáticamente un hombre de Dios. No es así. Los hombres de Dios salen del seno de los hogares de hombres y mujeres que tienen en su corazón una profunda carga por las almas perdidas y se dan cuenta que el tiempo pasa precipitadamente y sus hijos están creciendo y desarrollándose. Cada padre y cada madre deben saber que ese muchacho les ha sido dado por Dios para que sea un hombre de Dios en toda la extensión de la palabra.

Imagínense si de cada uno de nuestros hogares se levantasen dos, tres, cuatro, o cinco hombres de Dios para ir a predicar, entonces veríamos avivamiento, entonces tendríamos esperanza para nuestro país, entonces dejaríamos de preocuparnos de que algún patán tomó el poder, de que alguna persona quiere hacer el papel de Fidel Castro, de que alguna guerrilla se va a levantar. Si tenemos hombres de Dios hay esperanza porque el hombre de Dios va a predicar al Cristo vivo. Nuestros países necesitan hombres de Dios.

¿Sabes por qué hay tantos fracasos, tantas metas no alcanzadas en nuestras iglesias? Porque no hay hombres de Dios. ¿Sabes por qué nuestras escuelas dominicales no son lo poderosas que pudiera ser? Porque no hay hombres de Dios. ¿Sabes por qué tenemos que echar mano de mujeres y ponerlas en sitios que no deberían estar? Porque escasean los hombres de Dios en todas nuestras iglesias.

Usted me puede dar la razón en este asunto y creo que no me puedo equivocar pero en todas nuestras iglesias, hay señoritas que  pasan ya la edad de 25, 27, 30, 35 años que ahogan en su pecho un grande clamor por matrimonio. Y sabe ¿cuál es la razón que  no se casan? Porque no hay hombres de Dios. Los muchachos se fijan en las más bonitas, en las más atractivas, en las más coquetas aunque no sean espirituales, sencillamente con que reúnan requisitos que el mundo ofrece. Y las muchachas que son valientes, consagradas, fieles al Señor, están con lágrimas en su corazón, y muchas veces a solas lloran porque no hay hombres de Dios. Nos hacen falta hombres de Dios.

Piense en su hijo, piense en ese chiquillo, bebé quizá,  adolescente o joven, tal vez confundido, tal vez rechazado, tal vez usted no sabe ni cómo disciplinarlo, créame que Dios quiere hacer de él un hombre de Dios, él puede llegar a hacer un hombre de Dios, si usted se concentra en eso, se dedica con toda su pasión, con toda su alma, con todo su ser y le ruega a Dios:  Señor, levanta de entre mis hijos hombres de Dios. Hombres de Dios para que se casen con mujeres de Dios, y engendren hijos que sean hombres de Dios y mujeres que sean mujeres de Dios para que se casen con hombres de Dios y engendren hijos que sean hombres de Dios. Sí, eso es lo que necesitamos: Hombres de Dios. Recuerde que nosotros somos el arco, los hijos son las flechas, Dios es el arquero, y entre tanto que el arco no permita que el arquero lo estire  al máximo, las flechas no saldrán disparadas para lograr el propósito que el arquero tiene. El arco nunca va a poder llegar a donde las flechas pueden llegar. La mayoría de ustedes no podrán llegar a donde sus hijos podrán llegar.

En el Antiguo Testamento hubo grandes hombres, pero para que el Señor le llamara varón de Dios a un hombre, no fue cosa fácil. El primero fue Moisés , y antes de Moisés hubo muchos, muchos personajes sobresalientes, hombres que como Abraham eran llamados amigos de Dios. Pero para que el Señor le llamara varón de   Dios, tuvo que llegar un Moisés. Después vinieron otros, hubo un Samuel. Entre Moisés y Samuel hubo muchos, pero,  varón de Dios, ese título, solamente se le da a Samuel que era profeta, sacerdote  y juez, un varón de Dios. Después de Samuel vinieron muchos, muchos hombres grandes, poderosos, impresionantes, talentosos, profetas, siervos sin duda alguna, pero no fue hasta que vino Elías que el Señor dijo: Varón de Dios.

¿Dónde están los varones de Dios hoy en día? Están buscando títulos honoríficos; buscando engrandecer su nombre; buscando satisfacer sus pasiones y sus lascivias entre las hermanas de la iglesia; buscando la pornografía en el Internet; paseándose entre el orgullo, la vanidad y las riquezas, como cualquier pagano, como cualquier humano, como cualquier incrédulo, a menos que caiga sobre nosotros una profunda carga de responsabilidad, clamar que el poder de Dios nos transforme en verdaderos hombres de Dios, hombres valientes, hombres que vayan, que desafíen y se enfrenten, que prediquen y no se acobarden, y señalen el pecado por su nombre, con amor pero con autoridad, con respeto pero todavía con autoridad, hombres en toda la extensión de la palabra. Salen los muchachos de los seminarios diciendo: Yo te voy a enseñar a ti cómo se hace una iglesia. Esos no son hombres de Dios. Analiza tus causas y tus propósitos, Dios quiere varones de verdad.

Después vino David, un varón conforme al corazón de Dios. Y no hay muchos, no hay hombres de Dios en grande cantidad  en el Antiguo Testamento; hasta que vino el Hijo del Hombre, El Varón Perfecto, Jesús El Hijo de  Dios, y se hizo hombre,  predicó, y enseñó, y alzo su voz, y se puso frente a los fariseos y les dijo: escribas y fariseos: ¡Hipócritas!, sepulcros blanqueados. Y alzó su voz, señaló El camino y fue a la cruz. Y el Hijo del Hombre murió; fue a la sepultura, se levantó llevando cautiva la cautividad, se trajo las cadenas de la muerte y del infierno y proclamó victoria. Luego apareció a muchos, ascendió al cielo,  nos envió su Santo Espíritu, y desde entonces cualquiera que se deje guiar por su Santo Espíritu a través de ésta Palabra puede ser un hombre de Dios.

¿Quién era Timoteo? Un muchacho, un chiquillo que nadie daba un centavo por él, quizá un acomplejado, un tímido, tal vez alguien que nadie esperaba que sobresaliera, pero tenía una abuela y una madre que le transmitieron la fe, le enseñaron la piedad, la fe sincera, la fe no fingida, le guiaron al limite de sus fuerzas.

¿En qué se conoce un hombre de Dios? ¿Qué se necesita para tener hombres de Dios en nuestra vida, en nuestras iglesias en nuestras familias?

En el Antiguo Testamento los hombres de Dios estaban entre los profetas, sacerdotes y príncipes de las tribus del pueblos de Israel. En el Nuevo Testamento las puertas se abren de par en par para que cada uno de los creyentes sean hombres de Dios.

 2 Timoteo 3:16-17 señala: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. Quiere decir que toda persona que es instruida, enseñada, corregida por la Palabra de Dios es un hombre de Dios. La Escritura nos ha sido dada en toda su plenitud. En la antigüedad no se tenía toda la revelación de la Palabra de Dios, por eso es que había profetas y sacerdotes, pero una vez que el Señor Jesucristo consumó su obra, entonces el varón puede ser hombre de Dios, porque tiene la Palabra de Dios.

Voy a mencionarle tres cosas que son las que caracterizan al hombre de Dios.

1.- El varón de Dios es conocido por las cosas de las cuales huye.

1 Timoteo 6:11 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. ¿De qué huye un varón de Dios? 2 Timoteo 2:22 Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.

La primer cosa de la que un hombre de Dios debe de huir es: De las Pasiones. Hermanos, la sociedad está siendo presa de sus desenfrenadas pasiones, de los dictados de sus pasiones, de las lascivias de sus pasiones, del desenfreno de la carne; y el varón de Dios se distingue de eso, que huye de las pasiones. ¿Qué quiere decir eso? Que debemos de tener sumo cuidado de las cosas que permitimos que nuestros hijos estén recibiendo, porque la mayoría de las cosas alimentan las pasiones de la carne. Este mundo es presa de Satanás, dice la Biblia que Satanás es el príncipe de este mundo, yo le aseguro que detrás de la TV no está Dios, Dios no está conduciendo Telemundo, ni TV Azteca, ni Televisa, Dios no está gobernando los programas, Satanás es quien les dice a esos programadores: Pon esto ahora, pon esto otro. Satanás es quien está detrás de todo esto. Entonces, por qué no tenemos cuidado de este asunto. Debemos tener cuidado hasta de la educación que se le dan a nuestros hijos. Las escuelas y la educación no es lo que hace que un hombre huya de las pasiones, con tanta sexualidad pervertida que se enseña. Y no es obligación de las escuelas encargarse de eso, sino de los padres. Los padres deben enseñar a sus hijos a huir de las pasiones. En las escuelas ni siquiera nos dejan que estudiemos la Biblia. Hay una influencia demoníaca, satánica y diabólica detrás de cada una de las organizaciones de este mundo; este mundo está penetrado y compenetrado con toda la intención de Satanás para arrebatar a la gente de la fe, de la piedad, de las buenas obras, de la santidad, de la pureza, de la humildad y de todas esas cosas que son buenas dice la Biblia. Las cosas más indispensables, las más elementales de la vida como son, el respeto, el amor y la obediencia están siendo arrebatadas de nuestros hijos desde las caricaturas hasta las universidades. Si usted deja a sus hijos ver la TV y sobre todo los programas de caricaturas, usted no va a tener hombres de Dios el día de mañana, va a tener hombres apasionados de la carne, desenfrenados, violadores, hombres irrespetuosos de sus mujeres, irresponsables, hombres que no van a tener respeto por la moral, por la dignidad, por la castidad, por la pureza, hombres que no tendrán respeto de la virginidad de las mujeres porque el diablo les está arrebatando eso lentamente.

Huye de las pasiones juveniles, huye, porque  están por todas partes por todos lados. No hemos venido a este mundo para pasarla bien, no estamos de vacaciones, un día vamos a tener nuestra eternidad para descansar, aquí estamos para escapar de las garras del diablo y forjar hombres para Dios que anuncien el Evangelio de Jesucristo, que es la única esperanza. La gente está muriendo y, ¿sabe a dónde se va? directito al infierno, a menos que Cristo sea su Salvador. Y ¿saben por qué? porque no hay hombres de Dios que prediquen el Evangelio. Hoy en día, las verdades más esenciales y más básicas del Evangelio se están pisoteando, se está anunciando un Evangelio adulterado en las congregaciones. La salvación ahora no es solamente por la fe, se levantó en los Ángeles CA. un líder anunciando que la sangre de Cristo no era lo importante, que lo importante era la cruz, y confunden a la gente, porque hacen falta hombres de Dios que prediquen la verdad.

Los púlpitos de hoy están siendo dirigidos por obra de Satanás, poniéndolos en las manos de hombres corruptos de entendimiento, hombres que están vendiendo la verdad del Evangelio, que tienen vidas inmorales y sucias, aun los tenemos cayendo en la homosexualidad. Tan cierta es la Palabra de Dios cuando dice que la maldad aumentaría, y que engañaría hasta los escogidos. Eso debería consagrarnos más, abrazar más la fe y el Evangelio, y preparar hombres de Dios porque los hombres de Dios se están muriendo. No se imagina usted la gran cantidad de pastores adúlteros que hay en los púlpitos. Las mujeres están tomando el liderazgo en las iglesias, ¿y saben por qué? Porque no hay hombres de Dios, y eso debería avergonzarnos.

El hombre de Dios huye del AMOR AL DINERO. 1 Timoteo 6:10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

¿Saben por qué los jóvenes no asisten a las iglesias en nuestros días? porque su anhelo es el dinero, les importa más ganar dinero. La mentalidad de la gente es que debes de estudiar para ganar dinero. No se van al campo misionero porque no hay dinero, no se consagran al Señor Jesucristo para vivir vidas puras porque no hay dinero, el mundo sí se los ofrece; hay más dinero haciendo cosas chuecas, hay más dinero transgrediendo la ley, hay más dinero haciendo las cosas fáciles. Pero el hombre de Dios huye del amor al dinero. Debemos quitarnos la mentalidad de inculcar hombres de dinero para el día de mañana. Dios puede darnos dinero, Él tiene todo el oro del mundo en sus manos, pero esa no es la razón por la cual estamos aquí, Dios bendice y nos provee del dinero para vivir.

2.- El varón de Dios es conocido por las cosas a las cuales sigue.

Primero dice: sigue la justicia. ¿Qué es la justicia? Es el sincero deseo de hacer lo correcto en todo tiempo. El varón de Dios no pregunta ¿cuánto me vas a pagar por hacer eso? Pregunta ¿es correcto eso? No pregunta ¿qué gano con esto? Antes que eso él pregunta ¿es correcto lo que me estás pidiendo que yo haga? Este mundo está tan lleno de cosas injustas que todos estamos hasta la coronilla de tanta corrupción, de tanta injusticia. La justicia sale torcida, y no solo en nuestro país sino en el mundo entero, y los hombres de Dios que siguen la justicia están escaseando. Enseñémosles entonces a nuestros hijos e hijas el hacer lo correcto. Sigue la justicia, la piedad; mientras la justicia es lo que uno hace, la piedad es lo que uno es, es lo interno de la justicia. Justicia es hacer lo correcto. Piedad es lo que uno tiene dentro, correcto o incorrecto. Una persona de piedad va a hacer las cosas justas. Sigue la justicia, sigue la piedad, no nos preocupe solamente lo que hacemos sino lo que somos. A Dios le importa más lo que eres que lo que haces, porque una vez que eres justo, harás lo correcto. Muchas veces no hay compatibilidad con lo que hacemos y con lo que somos porque por un momento podemos hacer cosas buenas pero pronto se va a revelar lo que realmente somos. No basta decirle al hijo: Hijo, hoy pórtate bien. Y en la tarde: ¿Te portaste bien? ¿Sí? Está bien. Eso bueno, pero eso no es todo. Tarde o temprano va a salir lo que realmente tu hijo es. Le decimos: Hijo, si tú haces lo bueno te voy a dar un premio. El va a hacer lo correcto, y lo estamos animando a hacer lo correcto, y eso está bien, pero tarde o temprano se va a revelar lo que  verdaderamente es, porque entre la adolescencia y la juventud el hombre revela lo que realmente es.

Porque el varón no solamente sigue lo que hace, sigue la justicia, sigue la piedad, sigue la fe; la fe es lo que uno tiene. Hay muy pocos hombres que siguen la fe. Nuestra fe debe distinguirnos en todo y por todo, en carencias, en necesidades, en enfermedades y en problemas. Un varón de Dios es aquel que sigue la fe, que crece en la fe, que procura la fe y escoge el camino de la fe. Siempre confía en lo que Dios dice, siempre depende de lo que Dios dice, y la Palabra de Dios es lo que produce fe. Cuando tenemos en nuestras manos la revelación completa y total de Palabra de Dios, íntegra de pasta a pasta, tenemos toda la herramienta necesaria para ser hombres de fe.

El varón de Dios se conoce por las cosas que sigue. Sigue el amor. El amor es lo que uno da. Todas vuestras cosas sean hechas con amor. Cuando dice que sigue el amor por supuesto está hablando del amor de Dios, no el amor apasionado de este mundo, no del amor erótico que el mundo ofrece, está hablando del amor de Dios, el amor por Dios y el amor en Dios. El amor a Dios es el primer y más grande mandamiento, y debiéramos preocuparnos mucho por amar a Dios. Hoy en día se proclama mucho del amor; hay que amar a todo mundo. Hay que amar a los árboles, hay que amar a los delfines, a los tigres, a las ballenas, y a muchos otros animales que están en peligro de extinción. Así como amas a los homosexuales ama a los gusanos, a las lombrices, a los caracoles. Pero cuando se dice: Yo amo a Dios. La misma gente nos señala como fanáticos. ¿Qué es lo que pasa? Amen a todo, menos a Dios. Este mundo se encuentra de cabeza. ¡Cuidado jóvenes universitarios! Que no se te suba a la cabeza la universidad y tu título porque grande, solo Dios. ¡Cuidado con las filosofías que te enseñan en la escuela! No todo es verdad. Tiene que ser probada por la Palabra de Dios toda enseñanza, porque en Cristo están escondidos los tesoros verdaderos de la sabiduría y  del conocimiento.

Yo estoy en contra de los Derechos Humanos, que gritan y publican el dar amor a todos, porque ellos arrebatan la fe, la humildad, la obediencia, la sencillez, la dependencia de Dios. Le hacen a la gente creer que es de gran valor, que es lo máximo, y no es así, la Biblia nos dice que somos como gusanos, consumidos en nuestros delitos y pecados, que el intento de nuestro corazón es de continuo solamente el mal. Y ¿qué derecho hay en esto? El único remedio es Jesucristo quien levanta al hombre  de su condición podrida, del polvo, y lo pone en una posición de dignidad, eso es el Evangelio de Cristo. Y hacen falta hombres que lo prediquen. Cristo es el Salvador, es el único derecho que tenemos, amarle a Él con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas. El único derecho que nos asiste es depender de Él en todo y por todo.

El hombre o la mujer de Dios se conoce por las cosas que sigue, sigue la piedad, la justicia, la fe, el amor y sigue la paciencia. La paciencia lo que uno lleva. ¿Qué sería de nosotros si no hubiera hombres que predicaran con paciencia la Palabra de Dios? Yo doy gracias a Dios por todos ustedes que se mantienen fieles al Señor, pero más de uno y más de una docena pisa con sus hechos lo que nosotros predicamos. ¿Y sabe qué hermano?       Dan ganas de dejarlo todo, tantos años predicando y enseñando la Palabra de Dios para que los hermanos sigan en sus caprichos, no vale la pena. Pero el hombre de Dios sigue la paciencia.

Papá, predica tu fe en el Señor con paciencia. La paciencia da fruto. ¿De qué sirve lo que estamos predicando? Sirve de mucho porque habrá alguno que siga fiel. La Palabra de Dios promete no volver vacía.

El varón de Dios sigue la paciencia pero también sigue la mansedumbre, y así como la paciencia es lo que uno lleva, la mansedumbre es lo que uno puede. El varón de Dios tiene que ser manso, los padres tienen que ser mansos. Cristo dijo: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. ¿Quién fue Moisés? Un varón de Dios, el primero de los mencionados en la Biblia, el hombre más manso de toda tierra. Si hay algo que distingue sobremanera al varón de Dios es su mansedumbre. El hombre de Dios tiene la capacidad de destruir, tiene poder de hacer que fuego caiga del cielo usando una sola expresión; pero tiene mansedumbre, trata con amor a sus hijos, trata con amor a sus ovejas, las trata con paciencia y perseverancia.

Joven y señorita, no te cases si no es con un varón de Dios porque vas a sufrir, y déjame decirte una cosa, no hay varones de Dios intermedios, o es de Dios o no es Dios.

3.- El varón de Dios es conocido por las cosas por las cuales pelea.

1 Timoteo 6:12 Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.

Judas 3 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.

¿Por qué cosas peleamos? El varón de Dios pelea la buena batalla, no pelea por más terreno en el vecindario, no pelea por las cosas livianas pasajeras de este mundo, el varón de Dios pelea por la fe, contiende por la fe, pelea por la justicia, por la rectitud, por el amor de Dios, por la santidad y por las cosas que valen la pena. Pelea la buena batalla de la fe. Muchos pelean el territorio del narcotráfico, un puesto en el gobierno para ganar más dinero y no para servir a la gente, pelean por posición en la educación, en la cultura y en las artes. El varón de Dios pelea la batalla de la fe porque eso es lo único que va a permanecer. Hermano cuando se agrede el nombre de Cristo, ¿te cala o te duele? ¿Defiendes la Fe? ¿O se pueden burlar de Cristo o de la Biblia y de los hermanos delante de ti? No eres un varón de Dios.

El varón de Dios pelea la batalla de la fe. No quiero decir que agarres a golpes a las personas blasfemas pero que haya una voz que defienda la fe. Vea usted las cosas que el mundo defiende: Paneles en las universidades en la ciudades en los centros sociales en la televisión, defendiendo la homosexualidad, defendiendo los derechos de no se quien y ¿quién defiende la fe? Nos ha tocado en los paneles de la televisión a pastores. Los ridiculizan los psicólogos, los psiquiatras, los estadistas. Los  políticos son los grandes y el pastorcito allí esta diciendo: Si, yo creo que la Biblia es la... y no termina aun de decirlo cuando todos los demás se le van encima, burlándose y diciendo: Nada que la  Biblia es la Palabra de Dios, eres un ridículo. Ellos son gente que defienden las creencias de este mundo.

Yo tengo una pregunta que hacerles: ¿Qué has hecho con tu filosofía, adonde te ha llevado tu criterio, mira al mundo que has creado? Déjame enseñar la Palabra de Dios en la sociedad y veras la clase de sociedad que vamos a tener: Respetuosa, honrosa, digna. Pero cuanto más desechan este libro, mas podrido estamos en todo lo moral en esta sociedad.

Dios no puede bendecir a un país que se pierde en la idolatría hipocresía e inmoralidad, no puede. Porque la bendición viene de arriba. ¿Cuál es la esperanza para los piases, para las generaciones? y ¿Dónde está la esperanza para nuestras generaciones venideras? Hermano, ¿sabe dónde está? Está en los varones de Dios, en esas mujercitas que se casen con los varones de Dios y engendren hijos e hijas que vallan en el camino del varón de Dios.

¿Cuál es el anhelo de tu vida? ¿Por qué sacas la espada? ¿Cuáles son las cosas que ves como agresivas y peligrosas delante de ti? Eso te distingue entre un varón de Dios y un varón del mundo. Hacen falta varones de Dios, vamos a criarlos, vamos a enseñarles.

Los ataques y agravios en contra de la Palabra de Dios va a encontrar oposición solamente cuando se encuentren con un varón de Dios que defienda la fe.

Para ser un varón de Dios hay que ser decidido y valiente, el día de mañana que nuestros hijos al vernos partir a la presencia del Señor puedan decir mi papá era un varón de Dios y en vez de ponerle cruces y en vez de escribirle en el epitafio descanse en paz, mejor que diga en la lápida: varón de Dios.

Y si hasta ahora no hemos tomado en cuenta las medidas necesarias para formar varones de Dios, hay que empezar a hacerlo.



 

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Brian R. George, Pastor Bautista

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