La Esperanza De Los Anabaptistas



Amaban tan celosamente a Dios que no había ser humano que pudiese quitarles lo que ellos sentían en el corazón. El fuego de Dios ardía dentro de ellos. Ellos preferían morir la muerte más amarga, sí, hasta diez muertes, antes de renunciar la divina verdad que habían adquirido

Ellos habían bebido del agua que fluye del santuario de Dios, el agua de vida. Ellos sabían que Dios les ayudaba a llevar la cruz y a vencer la amargura de la muerte. Por dentro, ardía el fuego de Dios. No tenían su mirada puesta aquí en la tierra, sino en la eternidad, teniendo su fe fundamentada y arraigada. Su fe florecía como un lirio; su lealtad, como una rosa; su piedad y sinceridad, como la flor en el jardín de Dios. El ángel del Señor luchaba de tal forma para ellos que nadie podía quitarlos el yelmo de la salvación. Por tanto, han soportado toda tortura y agonía, sin temor. Las cosas de este mundo eran a sus mentes santas como sombras nada más, teniendo ellos la confianza de recibir riquezas mucho más abundantes. Eran tan atraídos a Dios que no conocían ni buscaban nada menos que a Dios. Por eso tenían más paciencia en sus sufrimientos que sus enemigos tenían al torturarlos.

Por causa de este derramamiento de sangre inocente se levantaban cristianos por todos lados, porque esta persecución no fue llevada a cabo sin fruto. Muchos testigos de esta persecución fueron conmovidos a meditar en lo que habían visto y a cambiar su forma de pensar y de vivir. Hubo tantos convertidos a la fe que las autoridades muchas veces condenaban y les ejecutaban secretamente, de noche, para que las multitudes no se dieran cuenta.

En algunas partes las autoridades llenaban las cárceles hasta el punto de rebosar. Los perseguidores pensaban que podían hacer mermar o apagar el fuego de Dios. Pero los prisioneros encarcelados contaban y se regocijaban tanto que sus enemigos, que estaban libres, tenían más temor que ellos y no hallaban que hacer. Muchos otros permanecieron muchos años en las cárceles y los calabozos padeciendo todo tipo de dolor y tortura. A otros los libraban después de abrirles dolorosos agujeros en las mejillas con el hierro y el fuego.

Los que lograron escaparse de todo esto, fueron perseguidos de un país a otro, de una ciudad a otra. Vivían como los búhos que no se dejan ver de día. Tenían que esconderse muchas veces en peñas y rocas, bosques salvajes, en cuevas y hoyos en la tierra para salvar sus vidas. Fueron buscados y cazados, como aves, con perros. Todos eran inocentes, sin maldad alguna, ya que ellos no habían hecho ni deseaban hacerle mal o daño a nadie.

Por todas partes fueron maldecidos, calumniados y acusados falsamente. Se decía que ellos tenían el poder de someter a una persona bajo su control, dándole de tomar el contenido de un frasquito. Abundaban las terribles mentiras acerca de ellos, tal como la de tener a sus mujeres en común. Fueron calumniados diabólicamente como anabaptistas, seductores, alborotadores, y fanáticos. Por todas partes las autoridades emitieron mandatos y decretos en contra de ellos.

A muchos se les habló en maneras maravillosas, de día o de noche. Los monjes, sacerdotes, y doctores de teología discutían con ellos con gran astucia y engaño, con muchas palabras suaves y dulces, con mucho falso testimonio, con amenazas, regañinas, y burlas. Y también con graves mentiras y calumnias en contra de la hermandad. Pero ninguna de estas cosas les podía mover o hacer tropezar.

Algunos cantaban alabanzas a Dios en medio de graves padecimientos en la cárcel, como si tuvieran gran gozo. Algunos cantaban al ser llevados a su muerte. Cantaban en voz alta, haciéndolo resonar con claridad. Otros iban al sitio de su muerte con una sonrisa, alabando a Dios que los tuvo como dignos de morir la muerte de héroe cristiano. Ellos preferían esta muerte por encima de la muerte natural.

Un escrito de un historiador de los anabaptistas. Tomado de "Menonitas en Europea" por Juan Horsh. Citado de "Luz de la Vida" número 5 año 21 pp.12-14


Lecciones de Los Anabaptistas

Un Nuevo Comienzo

Parte 1


La mayoría de la información para esta serie sacamos del libro en inglés The Theology of Anabaptism por Robert Friedmann, del cual adaptamos y traducimos mucho directamente con el permiso de los publicadores de este libro, Herald Press, Scottdale, Pa. EE. UU. Este artículo fue extraído de Luz De La Vida Número 2 Febrero 1998 Año 21

 

El movimiento anabaptista nació en Zurich, Suiza (Europa), el 21 de enero de 1525. Un "sacerdote del pueblo" Ulrich Zwinglio, había fascinado a la gente con sus lúcidos discursos sobre la Palabra de Dios durante varios años. Más que a los demás, fascinaba a un grupo de estudiantes con quienes se reunía a estudiar la Biblia en la "Iglesia Grande" de Zurich. Entre sus alumnos había uno que llegaría a ser un líder entre los anabaptistas, Conrado Grebel, hijo de un miembro del concilio de la ciudad, Jacobo Grebel. Los estudiantes jóvenes esperaban que Zwinglio les guiar en restablecer la iglesia del Nuevo Testamento, que Cristo y sus apóstoles fundaron. Pero, a pesar de sus discursos e innovaciones bíblicas, Zwinglio no se atrevía a ir más allá de lo que el concilio que gobernaba la ciudad permitía. No estaba dispuesto a que la iglesia rompiera su unión con el gobierno.

Cuando algunos de sus seguidores se declararon firmemente a favor de una separación total de la iglesia y el estado civil y en favor de otros principios del Nuevo Testamento, Zwinglio, junto con el concilio de Zurich, decidió perseguirlos. Resolvieron que los que no estuvieran de acuerdo con el concilio no debían reunirse ni discutir públicamente sobre los puntos de desacuerdo. Además, ordenaron a cuatro de esos hermanos a salir de Zurich en el término de una semana.

Esto fue un golpe aterrador, pero llegó a ser lo que los hermanos necesitaban para iniciar el movimiento que Zwinglio no tuvo el valor de impulsar. La noche del día en que Zwinglio y el concilio anunciaron su decreto, sábado el 21 de enero de 1525, dieciséis hombres entristecidos se reunieron secrtamente en la casa de Félix Mantz, a pocos minutos de la plaza de la Iglesia Grande en que Ulrich Zwinglio les había enseñado por tanto tiempo. La reunión fue una asamblea solemne. Pero se dieron cuenta entonces de lo que les iba a costar su decisión de restaurar la iglesia del Nuevo Testamento. La ciudad de Zurich, junto con sus líderes religiosos, no iba a tolerar su testimonio. Al discutir sobre lo que debían hacer ahora, alguien sugirió que realizaran un culto de bautismo allí mismo en ese mismo instante. De este modo quedarían separados de una vez de un mundo que se aprestaba a perseguirles "en nombre de Cristo." El sentimiento de temor les oprimía. Después de una plática muy seria, se arrodillaron para orar. Después que se levantaron del suelo, un sacerdote de 33 años de edad, Jorge Blaurock miró a Conrado Grebel y le dijo ; "Conrado, tu ruego, en nombre de Dios, que me des el verdadero bautismo cristiano." Blaurock así confesaba su fe en Cristo, y Conrado derramó el agua sobre su cabeza. Entonces Jorge tomó más agua y bautizó a cada uno como él lo había exigido. (Se nota, ¿no? que no volvieron al bautismo del Nuevo Testamento) Además, todos se comprometieron a llevar el evangelio de Jesucristo al mundo, e hicieron entre ellos el compromiso de guardar la fe.

Este pequeño grupo de hermanos en Cristo llegó a convertirse en predicadores del evangelio, con o sin la aprobación de Zwinglio y el estado, porque la iglesia de ellos no estaba sujeta a otra autoridad que la de Cristo. No era la iglesia de Zwinglio, ni de ningún otro sacerdote, sino de los creyentes, miembros del cuerpo de Cristo.

Esa misma semana, la Palabra de Dios comenzó a expandirse de manera fenomenal. En pocos meses, centenares de adultos habían recibido el agua del bautismo al confesar su fe. De acuerdo a su decisión, Zwinglio y el concilio comenzaron a encarcelar y, de muchas maneras a perseguir, a los hermanos de la iglesia renovada. En menos de dos años, Grebel había sido encarcelado varias veces bajo condiciones inhumanas, y murió en parte debido a ese trato. En ese mismo espacio de tiempo, las autoridades ejecutaron a Félix Mantz, ahogándole por su testimonio fiel. En otro año y medio otros dos lideres de los anabaptistas, Jorge Blaurock y Miguel Sattler, fueron quemados en la estaca. Así comenzó el baño de sangre que llegó a reclamar más de 5000 mártires en un periodo de 25 años. Y así comenzó el bautismo de sufrimiento de la iglesia bíblica moderna cuyo testimonio apoyamos hoy. Para continuar, Dios mediante, en nuestro próximo ejemplar.


LECCIONES DE LOS ANABAPTISTAS

parte II


Los Anabaptistas vivían su fe. La era de los primeros anabaptistas fue la misma que la era de la reforma protestante. Pero los anabaptistas y los reformadores tuvieron graves desacuerdos en cuanto a qué era la cristiandad - mayormente si era algo que vivir o algo que creer y confesar nada más. Entendieron la gracia de manera muy diferente. Para los protestantes la gracia de Dios fue algo que perdonaba todas las faltas y fallas humanas, aun cuando la persona no hiciera ningún esfuerzo para obedecer. Los anabaptistas no pudieron imaginar una vida cristiana así. La gracia de Dios, para ellos, era la ayuda que Dios le da al que nace de nuevo que le hace posible obedecer su ley y llevar su fe a la práctica. En cambio, los protestantes ni sabían qué era nacer de nuevo. Con razón no pudieron experimentar tampoco la verdadera gracia de Dios para una vida santa de victoria sobre el pecado. Parece que, para ellos, era importante definir con palabras sus ideas y conceptos en cuanto al Dios de la Biblia, porque no lo conocieron íntimamente,y su fe en él fue una teoría, no algo que vivieron.

La mayoría de los anabaptistas conocieron a Dios íntimamente por medio del nuevo nacimiento, y para ellos, la cristiandad fue algo que se debía vivir. No había, para ellos, ninguna diferencia entre el creer y el vivir. Sí, reconocieron muy bien que fue una lucha continua poner su fe en práctica. No pretendían ser perfectos. Hablaron y escribieron a menudo acerca de la tentación continua a que hicieron frente de apostatar, de volver atrás.

Como notamos antes, el no ser teólogos no significa que los anabaptistas no eran estudiantes de la Biblia. Muy al contrario, los anabaptistas estudiaron a fondo la Palabra de Dios. Aprendieron su significado al estudiarla con el motivo de entender como Dios quería que vivieran.


Lecciones de Los Anabaptistas

Parte III


La doctrina de dos mundos, o la teología del reino Una de las cosas que los anabaptistas notaron en la Biblia era algo que llegó a distinguir el movimiento. Este concepto está en el fondo de su creencia y práctica. Siempre demostraban el contraste agudo entre los valores cristianos y los valores que los del mundo, en su condición corrupta, tienen. Permítanos citar de sus escrituras, en palabras de ellos mismos, lo que llamamos "la doctrina de dos mundos." La primera cita es de la Confesión de fe de Schleitheim, el tercer artículo. "Todos los que tienen compañerismo con las obras muertas de las tinieblas no tienen parte en la luz. Todos los que siguen al diablo y al mundo no tienen parte con los que están llamados fuera del mundo para Dios. Todos los que están bajo el maligno no tienen parte con lo bueno."

El cuarto articulo de lo mismo dice lo siguiente; "Pues la verdad es que todas las criaturas caben en sólo dos clases: los buenos y los malos, los creyentes y los incrédulos, las tinieblas y la luz, el mundo y los que han salido del mundo, el templo de Dios y él de los ídolos, Cristo y Belial, y ninguno puede participar con el otro."

El gran libro de artículos de los Huterianos, escrito sin duda por el obispo Pedro Walpot alrededor del año 1577, trata el mismo tema más en detalle en la cuarta sección, punto 70: "Entre el cristiano y el mundo existe una diferencia tan grande como la que hay entre el cielo y la tierra. El mundo es mundo, siempre lo es; se porta como el mundo, y todo lo que hay en el mundo es nada más que mundo. En cambio, Cristo ha llamado al cristiano fuera del mundo. Lo llama a jamás conformarse al mundo, jamás acompañar a la muchedumbre del mundo, y jamás jalar en su yugo. El mundo vive según la carne, y esta bajo su dominio. Los del mundo creen que nadie ve lo que hacen; por lo cual el mundo necesita la espada (de las autoridades). El cristiano vive según el Espíritu. Está consciente de que el Espíritu ve lo que hace, y de que el Señor lo mira. Por lo cual los cristianos no usan la espada entre sí. La victoria del cristiano es la fe que vence al mundo (I Juan 5:4), mientras la victoria del mundo es la espada con que vence lo que está en su camino. Dios da al cristiano un gozo interior. Es el gozo en los corazones que mantiene la unidad del Espíritu en el vinculo de la paz. (Efesios 4:3) El mundo no conoce ninguna paz; por lo cual tiene que mantener la paz por la espada y la fuerza solamente. El cristiano es paciente, como lo escribe el apóstol (I Pedro 4:1). "Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armamos del mismo pensamiento." El mundo se arma para vengarse y de acuerdo con esto da con la espada. Entre cristianos, el más verdadero está dispuesto a sufrir por causa de Dios. El mundo, al contrario, considera más honorable al que sabe defenderse con la espada.

Para resumir : "La amistad del mundo es enemistad contra Dios. Cualquiera pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios." (Santiago 4:4)

 

Un cuerpo de discípulos Todos los primeros grupos de hermanos evangélicos consideraron básico el concepto de que hay que escoger o el uno o el otro: O el cielo o el infierno; O Cristo o Belial. Pero este concepto por si solo no fue el corazón de la creencia que vivían. Había otro concepto que tomar en cuenta. Y eso fue su lealtad y obediencia incondicional a Cristo. Tal entrega completa a una persona se llama discípulado. Cuando un grupo lleva tal concepto de discipulado por Cristo tiene que ser igualmente entregado a su reino. El reino de Cristo, que también se llama el reino de Dios o del cielo, incluye la iglesia y toda la obra y el gobierno de Dios en la tierra y en el cielo. Cuando uno escoge a Cristo y su reino y vuelve la espalda al mundo, muestra que cree lo que se llama teología del reino.

Para resumir : por una parte notamos la tensión entre la iglesia y el mundo y por otra parte vemos el apego de los fieles a Cristo y su reino. Y así se expresan los dos conceptos básicos de la teología implícita de los anabaptistas : la doctrino de dos mundos, y la teología del reino.

El que lleva tal teología tiene que decidirse o a favor de, o en contra del mundo. Creer de esta manera también hace que uno se entregue totalmente a Cristo y se una en una hermandad disciplinada según el evangelio de Cristo.

Todos los que se han apartado del mundo y se han integrado en la hermandad del reino de Cristo esperan la venida en cualquier momento, de su Rey para ocupar el trono de su reino eterno. Y mientras esperan, no hay cosa más normal que pueden hacer los hermanos que vivir la vida que su rey les enseña en le evangelio. No es necesario ser un teólogo para entender y practicar eso.


Los Anabaptistas

Parte 4


La teología de los Anabaptistas Ya hemos tratado la fe de los anabaptistas como una cosa tan totalmente integrada en su vida que es casi imposible hablar de ella como una "teología anabaptista," o compararla a la religión de los protestantes. Para realmente saber que y cómo creían los anabaptistas, uno habría que presenciar sus cultos, sus vidas diarias, sus hogares, y aun ir con algunos de ellos a la prisión y la muerte, que tan osadamente sufrían por Cristo. Cuando cualquiera les preguntaba a ellos que es lo que creían, o cómo funcionaba tal fe y hermandad que ellos mantenían de manera constante, contestaban más o menos de esta forma : "Es difícil explicarlo. Ven con nosotros para que veas como vivimos nuestra fe, y cómo llevamos a cabo lo que enseña la Biblia."

Pero, a pesar de que su fe fuera algo que vivían, muchas veces tenían que explicarla a otros. Los mismos miembros jóvenes preguntaban a sus ancianos por ejemplo; "¿Qué enseñamos acerca del pecado y la gracia divina?" Surgían preguntas dentro de la iglesia, y de afuera, como ¿qué significa Cristo y su vida para nosotros? ¿Qué es la naturaleza del hombre? ¿Podría alguna vez obedecer a Dios, o es tan corrupto que realmente el seguir a Cristo en su vida es sólo un ideal, y nada real? Y cuando los anabaptistas fueron llevados antes los magistrados, antes de sentenciarlos a la muerte por su fe, los oficiales de las iglesias estatales los interrogaron a fondo sobre su doctrina. Así que los anabaptistas muchas veces tenían que explicar y escribir lo que creían. En cierta medida limitada, tales confesiones y escritos se pueden llamar su teología. En lo que sigue, explicaremos algo de su teología, basándonos mayormente en lo que aprendemos de estos escritos que escribieron los primeros de ellos. Pero también tomaremos en cuenta lo que observamos en la vida de sus descendientes espirituales hoy día. ¿Qué creyeron los anabaptistas sobre los siguientes puntos que todos los teólogos consideran importantes? (1) Sus ideas en cunto a Dios, la Trinidad y la naturaleza de Cristo, (2) Cómo entendieron la naturaleza y el deber del hombre ; (3) Qué creían en cuanto a la salvación; (4) La segunda venida de Cristo, y como estar preparados para el reino eterno; y (5) qué creían en cuanto a la iglesia.

Acerca de Dios Los anabaptistas creían en Dios, igual que los protestantes en casi todo aspecto. Igual a los católicos y protestantes, confesaron el credo de los apóstoles. "Creo en un Dios, el Padre, el Creador todopoderoso del cielo y de la tierra; Y en Jesucristo, su Hijo unigénito, nuestro Señor; quien fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María; quien sufrió bajo Poncio Pilato, fue crucificado, murió, y fue sepultado, se levantó de entre los muertos al tercer día ; ascendió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios, el Padre todopoderoso, de donde vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo. Creo en una santa iglesia cristiana general; La comunión de los santos; El perdón de los pecados; La resurrección de la carne; y una vida eterna."

Como se ve por este credo, los anabaptistas aceptaron la doctrina de la trinidad. La palabra trinidad no aparece en la Biblia, por lo cual los anabaptistas bíblicos no llegaron a extremos sobre esta doctrina, como muchos teólogos especuladores. Pero sí, creían como lo enseña la Biblia, que Dios se manifestó en carne en la persona de Jesucristo, y que Dios es Espíritu Santo también. No aceptaron a nadie como hermano si no confesaba lo mismo.

Un escrito del año 1558, que sin duda fue hecho en parte por el obispo huteriano Pdro Walpot lo expresó así: Decimos con Pablo que Cristo, según la carne, descendió del simiente de Judá y David, pero según el Espíritu, el es el mismo Dios, bendito por toda la eternidad...No nos variamos de la doctrina del Hijo eterno y del Espíritu Santo, ni en obras, ni con palabras; y quisiéramos más bien sufrir muerte para la gloria de Dios por medio de Jesucristo.


Los Anabaptistas

Parte 5

La Teología de Los Anabaptistas


¿Cómo pensaron de Cristo ? Pensando más particularmente en lo que los anabaptistas creían acerca de la naturaleza de Cristo, hallamos otra vez que ellos no se entretuvieron con conceptos especulativos. En una confesión de fe que Ambrosius Spittelmaier escribió en 1527 leemos sencillamente esto : "Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, cabeza de todos sus miembros..."

Lo que impresionó más a los anabaptistas de Cristo fue su modelo de vida y el hecho de que murió en la cruz. Esto estaba al fondo y al centro de su concepto de Cristo. Fue lo que los motivó a aceptar, y aun esperar el sufrimiento en esta vida y hasta padecer la muerte del mártir. No enfatizaron tanto en el Cristo glorificado, sino en el "siervo sufrido," quien en su agonía llegó a ser el verdadero Señor de los hermanos.

Una manera que distingue a los anabaptistas es que ellos mismos explicaron que a los teólogos liberales les gustaban poner énfasis en el "Cristo dulce," mientras los anabaptistas seguían al "Cristo amargo." Hans Hut, por ejemplo, "predicó a Cristo crucificado, mostrando que Cristo obedeció a su Padre al sufrir hasta la muerte." Conrado Grebel habló de la "iglesia sufrida;" y Hans Hut escribió de "sufrimientos redentores." Hay muchos términos parecidos esparcidos por los escritos anabaptistas.

Para los anabaptistas, Cristo fue nuestro modelo o ejemplo del "camino angosto" que tenemos que aceptar en esta vida. Vez tras vez leemos en los escritos de los anabaptistas de cómo hemos de seguir las pisadas del Maestro. Como él amaba a los hombres, nosotros, sus discípulos, debemos amarlos también. Como él se entregó en completa humildad, el discípulo también ha de negarse a sí mismo, para llegar a ser humilde. Para ellos, Cristo fue el Señor, tenían que hacer como él hacía, y sólo eso importaba.


Iglesia Bautista "La Plata"

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