Artículo Publicado en el Semanario

LA MAGA

Buenos Aires

Argentina.


 

Sexualidad y Poder:

La Estrategia Fatal

Por: Lic. Claudio Barbará

 

 En el Amor hay Amante y hay Amado. En las relaciones de Poder hay Amo y hay Esclavo. En ambos casos las relaciones son duales, dialécticas, complementarias; no hay posibilidad de su existencia si no se presentan ambos términos de la relación. La sexualidad no es sólo aquello que se pone de manifiesto en el entorno erótico de una pareja, cualquiera sea su característica, asimismo como el Poder, no es sólo el sometimiento manifiesto entre un dominador y un dominado. Es más que eso, y las relaciones están cruzadas por sutiles lazos en donde el amor y el poder se entrelazan hasta confundirse de tal manera que termina por ser muy difícil distinguir un fenómeno del otro. Para decirlo todo de una vez: en toda relación se juega, tanto el amor, los lazos sensuales, como el poder, las configuraciones de dominación. Bien saben esto los amantes incondicionales como los esclavos sumisos, y no es menos evidente para el rol del amo, o para el idealizado amado. Pronto será evidente que ambos son parte de una misma encrucijada en la cual se imponen su deseos antagónicos. Poco nos queda por discurrir para que se nos haga manifiesta la paradoja de que hay ejercicio de poder entre Amado y Amante; y hay una corriente sensual entre Dominador y Dominado. La prostitución como una práctica social con consenso más allá de toda prohibición legal, tal vez sea el ejemplo típico en el que estos factores juegan su papel esclarecedor: en esta relación entre dos personas que se encuentran para un fin en donde la sexualidad es la mercancía de intercambio, hay uno de ellos que se presenta como el que oferta, y otro que demanda haciendo valer el dominio de la situación que le atribuye el poder del dinero. El que oferta, sometido a la necesidad de ese intercambio, ofrece una mercancía que por su característica la hace la mercancía de la mercancías: el cuerpo; pero más que el cuerpo su Ser, y es en esta disputa, sobre la oferta del Ser y la posibilidad de que ese Ser pase a depender del deseo del otro, lo que hace a esta relación tan especial, al grado de despertar los sentimientos más encontrados, una negociación en donde, al final de la ruta ya no se distinguen el Amo del Esclavo, ni el Amado del Amante. Hay un tercer término en esta relación que, como decíamos aclara la lógica de la situación: el dinero, el valor de intercambio. Ahora bien, éste tercer término falta en otras circunstancias de la vida, tornando en general menos evidentes las reglas a las que se someten los individuos, perdiéndolas de vista a raíz de la pasión misma que los involucra. 
 Toda relación humana implica sexualidad, sea esta explícita o se enmascare en el proceso sublimatorio que le imprime su intensidad. Debemos entender a la "sexualidad" como un factor esencial en toda relación humana; y si esto no es obvio a los ojos de todos, es a causa de lo crucial de la sexualidad misma, y es ser aquello que se reprime a la conciencia del individuo. Tendemos a pensar que el Poder es una vía privilegiada de acceder a la sexualidad, al goce del otro; no obstante es más justo pensarlo a la inversa, es el Poder en sí, es decir, el andamiaje en donde hay uno que ejerce el dominio sobre un otro, lo que enmascara eso que se reprime, la sexualidad como aquello que interviene directamente y le da fundamento a los modos en que nos relacionamos. Esto es válido para el microcosmo individual, pero también conlleva la misma estructuración cuando nos referimos a los estamentos altos del poder político. En esencia se asemejan y se ponen en juego los mismos principios: por esto el poder es más que goce de ciertos privilegios de investidura; es goce de lo que se nos escapa a la evidencia. 
 Del lado del Amo, del Amado, queda el rol iniciático, activo en la supuesta actividad del dominador. Del lado del Esclavo, del Amante, queda el rol pasivo, la sumisión de entregarse a la propia devoción. En esta encrucijada fatal, como la denominará J. Baudrillard, se evidencia la estrategia fatal del objeto, de aquel que se presenta supuestamente ejerciendo el rol pasivo en esta dupla. ¿Pues, la iniciativa no corresponde secretamente al objeto? -Se pregunta el mismo Boudrillard. Y se responde que para el sujeto no hay fascinación superior que la de ser capturado por aquello que adopta forma de objeto predestinado. En esta emboscada trágica queda atrapado el sujeto: en la creencia en el poder sobre el objeto amado, en el poder de dominación que ejerce. El ejercicio de seducción que irradia el objeto en su penosa entrega, es la red que captura al sujeto en su imperiosa necesidad de imponerse. Es la zona oculta a los ojos en donde el Poder es la estrategia fatal del Objeto.


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