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El cine se intelectualiza. Los argumentos de nuestros escritores contemporáneos llegan a la, pantalla con dispar suerte, de la mano de heterogéneos directores.
Los más afortunados, Beatriz Guido y David Viñas, encontraran en Torre Nilsson y Ayala, respectivamente, los interlocutores válidos para desarrollar una obra cinematográfica compartida. Los demás excepcionalmente encontrarán quienes sepan traducirlos con la fidelidad que los literatos desean. Aparecerán entre otros, los persona es y las situaciones creados, por Marco Denevi ("Rosaura a las diez", Soffici, 1958), Juan José Manauta trabajando sobre Lobodón Carra ("Río abajo", Dawi, 1960), Abelardo Arias ("Alamos talados"; Gatrani, (1960), Silvina Bullrich (como adaptadora de Guy des Cars en "Bajo un mismo rostro", Tinayre, 1962, o sobre su relato "Un momento muy largo", Vivarelli, 1964), Agustín Cuzzani ("Cinco gallinas y el cielo, Cavalloti, 1957; "El centroforward murió al amanecer" , René Mugica, (1961), Osvaldo Dragún ("Los de la mesa diez" , Feldman, 1960), Arturo Cerretani (adaptando con Cortázar "La cifra impar", Antín, 1961, o su obra El bruto, Cavallotti 1962), Dalmiro Sáenz (adaptando con, el crítico Jaime Potenze y Soffici, Propiedad, Soffici, 1961, o adaptado por la Guido en "Setenta veces Torre Nilsson, 1962), Jorge Masciangioli ("El último piso", Cherniavsky, 1962 con el critico Tomás Eloy Martinez y el director, o en 1964 adaptando la obra de Syria Poletti, "Gente conmigo" , Darnell, 1967), Augusto Roa-Bastos ("El trueno entre las hojas", Bo, 1958) y los periodistas Tomás Eloy Martínez (compartiendo con Roa Bastos, "EI terrorista" , Cherniavsky, 1962) y Domingo Di Núbila (adaptador con Pierre Chenal de "Sección Desaparecidos", 1958), cuyos dos volúmenes de "Historia del Cine Argentino", aparecidos en 1960, habrán de convertirse en texto imprescindible para el conocimiento analítico de nuestro cine.
La intelectualización, sin embargo, .no provendrá del mundo de las letras. la joven generación estará conformada por "intelectuales de la imagen" , gente de formación, en su mayoría, técnica, que intentará expresarse e interpretar la realidad con los recursos propios del lenguaje cinematográfico (encuadres, ritmo, montaje, manejo de actores, silencios y reflexiones) Surgen, entonces David José Kohon, descubriendo a la ciudad y sus habitantes "Prisioneros de la noche", 1960; "Tres veces Ana", 1961); Rodolfo Kuhn, con su mirada de entomólogo sobre ciertos sectores de nuestra sociedad ("Los jóvenes viejos", 1962; "Los inconstantes", 1963; "Pajarito Gómez", 1965); Manuel Ant n, reescribiendo cinematográficamente el mundo, de Julio Cortázar ("La cifra impar", 1961; "Circe", 1963; "Intimidad de los parques" 1964); "Lautaro Murúa, sorprendiendo con el sensibles testimonios sociales Shunko", 1960 y "Alias Gardelito", 1961); Fernando Birri, el organizador de los cursos de cine dé la Universidad del Litoral, con la plasmación neorrealista, no exenta de 'humor, de su visión documental de los marginados (` `Los inundados" , 1962); Simón Feldman, otro docente cinematográfico, describiendo, a través de la farsa o el retrato intimista, las presiones económicas y los conflictos de clase ("El negoción", 1959, versión profesional en 35mm. de otra similar en l6mm.
También dirigida por él y "Los de la mesa diez", 1960); José Martínez Suárez, hombre de la industria, formado en Lumiton, con dos obras cuestionadoras e inconformistas ("EI crack" 1960 "Dar la cara", 1962); o Ricardo Alventosa, con una deliciosa "opera prima" ("La herencia", 1962) que sufrirá las penurias de una calificación "B".
Pese a los esfuerzos periodísticos de una inteligente critica cinematográfica que intentaba agruparlos como movimiento renovador y salvo algún esporádico intento de unión ("El grupo de los Diez" -Birri, Kuhn, Kohon, Tama o los escritores Dalmiro Sáenz y Mario Trejo, los críticos de La Nación Tomás Eloy Martfnez y Ernesto Schoo, conjuntamente con Héctor Grossi y el productor Jack Feldbaum-, que se propone "desarrollar una obra renovadora en los medios de la expresión visual", incluyendo la televisión), serán los mismos directores quienes, con acentuado individualismo, negarán coincidencias estéticas e ideológicas y rechazarán el englobamiento colectivo, para limitarlo a un aprovechamiento coyuntural de los créditos del lnstituto, que les permitía a los productores independientes hacer películas de bajo costo con pretensiones artísticas que enviaban a cuanto festival internacional existiera, en pro de galardones que interesarán al público e influyeran, con su prestigio, sobre el jurado del Instituto que cada año otorgaba los premios en efectivo.
Las películas de la generación del 60 irán acumulando trofeos en el exterior. En uno de sus tantos viajes presidenciales, Arturo Frondizi volverá cargado de "Janos de Oro" que los cineastas argentinos recibieran en Italia por "mejor director" (L. Torre Nilssón), "mérito de producción" (Producciones Ángel, de affet y Leopoldo Torre Nilsson), "mejor corto" ("Buenos Aires", de Kohon) y "mejor selección cinematográfica latinoamericana" por "El negoción", "El jefe", "Un guapo del 900'').
Berlín, Cannes, Venecia, Sestri Levante, Santa Margherita, Acapulco... Mar del Plata. Nuestro cine se internacionaliza.
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