El hecho más auspicioso de 1935 fue el debut de cinco directores que dieron cada uno importantes obras además de la reaparición, en el sonoro, del ex crítico cinematográfico Arturo S. Móm, que ese año realizó "Monte criollo", un excelente thriller bien interpretado por Nedda Francy, Francisco Petrone, Florindo Ferrario y Marcólo Ruggero e inserto dentro de un marcado decorativismo visual al que no fueron ajenos ni la fotografía de Francis Boeniger ni las escenografías art déco de Juan Manuel Concado.
El primer debutante que se largo al ruedo, fue Mario Sofftci, con "EI alma del bandoneón un melodrama con tan os, niñitas que mueren porque los' padres no tienen ni para los remedios y abuelos chapados a la antigua que se oponen a que los vástagos e dediquen al tango.
Cierta, reminiscencia expresionista sobre los decorados y los rostros de Libertad Lamarque y Santiago Arrieta demostró que Soffici era buen espectador de cine especialmente de cine alemán.
Lo siguió en la lista Daniel Tinayre, que con apenas veinte años, transcribió para la pantalla un radioteatro popular sobre la época de Rosas, "Bajo la Santa Federación.
Manuel Romero, que venía de la revista teatral y había dirigido algunas películas en los estudios franceses de Joinville, fue contratado por Lumiton y dirigió "Noches de Buenos Aires". Con un estilo ágil y una dinámica incomparable -tanto para dirigir como para escribir y producir- Romero completó una vastísima obra representativa de su carácter nervioso y de su notable poder de observación dentro de la comunidad porteña y en el mundillo de los actores, que conocía y supo transcribir con espontaneidad.
A Romero se deben algunos clásicos de la década del 30 Buena cantidad de sus films fueron escenificaciones de letras de tangos, desarrolladas a partir de persona es de neta raigambre porteña, entroncados en las lineas del melodrama con acotaciones sociales algunas esquemáticas, pero pintorescas digresiones sobre los ricos holgazanes y los pobres trabajadores audaces y de avanzada. Sus obras mayores: "El caballo del pueblo" (1935) "La muchachada de a bordo" (1936), "Radio Bar" (1936), "El cañonero de Giles" ( 1937), "Los muchachos de antes no usaban gomina" (1937), "Fuera de la ley" (1937), "Tres anclados en París" (1938), que marco el primer conato local de censura (ya se le exigió a los de Lumiton que reemplazaran el título inicial de Tres argentinos en París por el otro, "La rubia del camino" (1938), que lo muestra admirador del cine norteamericano, rasgo ya previsto en la idea originaria de "Fuera de la ley", "Mujeres que trabajan" (1938), "La vida es un tango" ( 1939), "Muchachas que estudian" (1939) y la trilogía "Divorcio en Montevideo" ( 1939), "Casamiento en Buenos Aires" (1940) y "Luna de miel en Río" (1940).
"Crimen a las tres (1935), de Luis Saslavsk, marco la aparición de un realizador que renovó la temática y las normas del cine argentino con refinamiento y sobriedad al mismo tiempo, la obra de Saslavsky marcó un rumbo que nuestro cine todavía desconocía: el entretenimiento envuelto en una sintaxis novedosa y adornado por una imagen que indicaba la capacidad artística del director y su concepción eminentemente visual del cine, aspecto no demasiado observado por otros en aquellos años. Semejante dedicación formal y estilística en pro de un argumento de sólido interés manifestó, además, una confianza por el cine criollo que los otros, los que lo concebían como una aventura entretenida, no habían advertido. En la filmografía de Luis Saslavsky hay obras fundamentales: "La fuga" (1937), "Nace un amor" (1938), "Puerta cerrada" ( 1939), "El Loco Serenata" ( 1939), "La casa del recuerdo" (1940), "Historia de una noche" ( 1941 ).
Alberto de Zavalía fue el último de los cinco debutantes del 35. Lo hizo con una comedia que, seguía la línea de calidad y preocupación formal trazada por Saslavsky, su socio en el sello Sifal, donde también se encontraban los futuros directores Ernesto Arancibia, como diseñador artístico, y Carlos Schlieper, como fotógrafo. La obra de Zavalía, copiosa en los 30 y 40, expresó sus apetencias literarias y su interés por llevar adelante un cine con importantes protagonistas femeninas. Su obra permite anotar "Los caranchos de La Florida" ( 1938), "La vida de Carlos Gardel", (1939), "Dama de compañía" (1940), "Veinte años y una noche" (1941), "La maestrita de los obreros" (1942), "Malambo" (1942), "Cuando florezca el naranjo" (1943), "El fin de la noche" (1943) (que debió esperar largamente el estreno ya que, como trataba un asunto de la Segunda Guerra Mundial, no se consideró conveniente su presentación), "Rosa de América" (1946), "El gran amor de Bécquer" (1946).

  • De "Viento Norte" a "Así es la vida"

Otras realizaciones del período de crecimiento del cine argentino merecen ser destacadas. "Mateo" (Daniel Tinayre, 1937), una atenta y cuidada adaptación del grotesco de Armando Discepolo, con una destacada actuación del hermano del autor, Enrique Santos, en el papel de Severino.
"Viento Norte" (Soffici, 1937) estuvo cargada de sentimiento, argentinidad sin dogmatismos y cierta dulzona atención por los personajes de la pampa, en tiempos de la lucha por la conquista fortinera de la tierra, durante la segunda mitad del siglo pasado. "Segundos afuera" (Chas de Cruz y Alberto Etchebehere, 1937), comedia musical con ambientes magníficamente expuestos y contrapuestos: el mundillo del espectáculo, la aparente felicidad de la clase alta, la resolución musical de algunos conflictos entre los personajes, la vida en la pensión y el ambiente sofocante de los deportistas. Un film cuya revisión no estaría de más. Fue el único dirigido por el crítico Chas de Cruz -atento a la comedia "a la americana" más moderna de entonces y el iluminador Alberto Etchebehere, creador de imágenes bellísimas.
Allí debutó en el cine Eva Duarte, con no más de cuatro minutos de actuación en total. "Callejón sin salida" fue una comedia dramática con voluntarios tintes folletinescos dirigida por Elías Alippi (1938). "Alas de mi Patria" (Carlos Borcosque, 1939) marcó el debut en el país del director y constituyó la más importante y espectacular realización del cine argentino hasta la fecha.
"Así es la vida" (1939) marca el gran comienzo del director Francisco Mugica, que había trabajado como sonidista, laboratorista e iluminador en Lumiton desde "Los tres berretines" y había realizado un año antes (1938) su primera película, la comedia "Margarita", "Armando y su padre" y "Así es la vida",. basada en una comedia asainetada de gran popularidad, gracias al duo que la había estrenado -Enrique Muiño y Elías Alippi-, no fué sólo la transcripción al cine de la aventura del escenario, Mugica consiguió un film independiente de la obra, sin apartarse de su letra Manejó con soltura a cámara y con el guión de Luis Marquina elaboró una trama sugerente, tierna, acongojante por momentos, pero identificatoria del sentido que entonces tenía la unidad familiar, con un fuerte ordenador paternalista que dominaba la totalidad. Con su técnica consiguió efectos visuales que, sin el agregado de palabras (tan habituales en nuestro cine y para su mal), permiten que la obra perdure mas allá de su tiempo y le den el claro significado documental que le han endosado, los años transcurridos.