Un ejercicio absolutamente opuesto al de la epopeya en Soffici fue el de Leopoldo Torres Ríos, viejo técnico del cine mudo (período en el que también dirigió films y escribió argumentos), que retornó en 1936 a los sets del sonoro con una extraña pero interesantisima versión del sainete de Vacarezza "El conventillo de Páloma".
Un comienzo semiexpresionista delataba su afición por el cine alemán de los años 20; al que frecuentó como "revisor" de las producciones germanas que distribuía Adolfo Z. Wilson. Se prolongaba en el resto del metraje a través de una caracterización concreta de los personajes y sus contrastes con cierta despreocupación por la mínima historia contada.
"La vuelta al nido" ( 1937) fue rescatada del olvido en que la sellaron sus mismos contemporáneos y el público del estreno a fines de los años 50, cuando se descubrió en su ritmo cansino y desinteresado de cualquier acción que conmoviera al espectador, la acariciante sensibilidad con que Torres Ríos evocaba la vida familiar, sus conflictos mínimos y el profundo sentimiento que anidaba en personajes callados, de incontable hondura. Los trabajos de José Gola y Amelia Bence no son de fácil olvido.
La carrera de Torres Ríos continuó hasta los años 50 dentro de esta línea anticomercial y muy personal.