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En, 1938 el senador Matias Sanchez Soron, se presento el primer proyecto de ley de, protección para el cine argentino, pero la intención no prosperó pese a que, desde la aparición misma del cine, sonoro, en 1933, se reclamaba un cuerpo legal para la industria cinematográfica y sus productos.
La década de 1940 encuentra a los cineastas, a los productores, actores y técnicos seguros de: que el cine argentino tiene un futuro magnifico y; de que, entre las cinematografías de habla hispana, junto con la española, no podrán ser superados. Algo de razón tenían: las películas argentinas se proyectaban en todos los países hispanoparlantes con gran éxito, aunque con paralela despreocupación de los productores por las finanzas que estas películas movían en el exterior. Interesaban más las noticias de éxito y renombre que llegaban desde afuera que el dinero recaudado sin controles rígidos. "Alas de mi Patria" y algunas otras películas llegaron a Hollywood para ser vistas por quienes seleccionaban material para el Oscar. Solamente, Dios se lo pague" (Amadori, 1948) alcanzó por primera vez a cima de las cinco candidatas para el premio, sin suerte final. Tantos espectadores merecían un cine más cuidado, acaso más lujoso y sofisticado. Con esta premisa los productores iniciaron una nueva carrera. Equivocados' o no, la ruta conducía hacia abajo. Empezó a faltar material de película virgen durante el largo periodo de la Guerra del 39; muchos exiliados extranjeros comenzaron a trabajar en una cinematografía que, en esto, fue siempre de puertas abiertas, y los argumentistas, maduros en su conformación intelectual, desatendieron el suceder argentino que había sido factor de curiosidad primero y de éxito después. Empezaron a abundar las comedias ligeras y los pesados melodramas y montaron su trono de frivolidad las "ingenuas". |