Terminada la segunda guerra mundial y estabilizado el país con el gobierno peronista, comenzó a crecer la producción. Pero también se profundizó una crisis latente.
Declinación artística
Hasta ese momento el cine argentino había mostrado tendencias temáticas recurrentes, por un lado, la supeditación a "figuras estelares", en menor escala, lo "épico histórico" y tímidas tentativas a lo "social folklórico" Una cuarta corriente adquirió predicamento la "orientación internacional" con indiscriminadas obras literarias teatrales extranjeras.
El nuevo género nefasto, se explicaba: el deseo de competir con el cine mexicano por los mercados latinoamericanos y un desencuentro con lo nacional "atribuible en parte a la escasez e nuevos argumentistas Los consagrados tuvieron multiplicada demanda, lo cual lesionó la calidad de sus libros.
Se sumó la improvisación en la producción, por afán de ganancia fácil, rápida y segura inadecuada, preparación cultural técnica de los directivos de la industria, el temor al compromiso político o ideológico que provocara censuras. El investigador Abel Posadas insiste: "Jamás en la República Argentina, durante ,el periodo sonoro, pudo filmarse con libertad, de acuerdo con una ideología que sea o no liberal, que responda o no a la cosmovisión de las Fuerzas Armadas, de la Iglesia o del gobierno de turno. El productor Atilio Mentasti, por su parte, señaló: "Se puede hacer una película importante sobre lo que pasa en el país, pero quién se atreve a hacerla, a hacerla en serio...Mañana recibe usted una amenaza o le pegan un tiro..."
Hubo -pues un déficit evidente, en "la posibilidad de análisis de la realidad del país, que estaba cairibiando, profundamente. En consecuencia, el cine acentúo su desarraigo y cayó en una temática repetida, sin compromisos. Todo ello fue llevando a la inercia y precipitó el agotamiento de los atractivos comerciales.
"A principios de la década del cincuenta habíamos perdido nuestra hegemonía comercial, sin poder vanagloriarnos de un nivel artístico cabal", observaría el letrado y productor Néstor Gaffet.
También se improvisó en el mercado doméstico, día a día más difícil la relación con los, empresarios exhibidores. Los llamados "circuitos de exhibición" fueron organizados tempranamente por los intereses de las distribuidoras norteamericanas, con imponente aparato publicitario. El cine argentino se descubrió entonces económicamente débil, parapetado en un mercado interno del cuál apenas el veinticinco por ciento de la población era su público potencial.
Las recaudaciones penosamente llegaban a cubrir los presupuestos de filmación.
El absoluto desamparo legal frente al homogéneo ejército de la exhibición completó el desolador panorama Ante el quebranto, por expreso cedido de la producción, el Estado comenzó en 1944 a subvencionar a la industria cinematográfica.