Luchas por la supervivencia
En diciembre de 1955 el profesor Antonio Aíta fue designado Director General de Espectáculos Públicos y decidió la vigencia de la ley 12.999 mientras se proyectaba una nueva. En 1956 las rivalidades en el seno del gremio (el Comité de Defensa por un lado, el Movimiento de Recuperación por otro) y sus fricciones con la exhibición (deseosa de retrotraerse a sus privilegios de antes de 1944) retrasaron soluciones y llevaron a una parálisis `de producción, al colapso financiero de la industria.
Hubo un momento sin ninguna filmación, de desocupación para obreros y técnicos, de intérpretes y directores tentando oportunidades en el exterior. Finalmente se sancionó el decreto ley 62/57, convalidado por el gobierno constitucional en 1958.
Extendió al cine los derechos de libre expresión que la Constitución asegura a la prensa, fijó régimen de obligatoriedad de exhibición, creó un sistema de subsidios y protección de acuerdo a la calidad de las películas y dio lugar a la constitución del Instituto Nacional de Cinematografía. Fue un espectro de optimismo que hay necesidad de medir en relación a toda la realidad política posterior.
1957 se inicia con la esperada sanción del decreto ley No 62/57, que establece entre sus, principales puntos 1) el fomento para la cinematografía argentina en su carácter de industria, comercio, arte y medio de difusión y educación; 2) la garantía de libertad de expresión cinematográfica, tal como rige para la prensa; 3) la creación de un organismo especial el Instituto Nacional de Cinematografía que, como ente autárquico dependiente del Ministerio de Educación y Justicia, reemplazará a la Dirección General de Espectáculos; 4) la calificación de las películas nacionales para su exhibición según su calidad, de cuerdo a dos categorías: "A" (de exhibición obligatoria y con derecho a todos los beneficios del decreto-ley) y "B" (no obligatorias y sin beneficios); 5) la calificación de las salas cinematográficas y la determinación de los turnos de exhibición y de los porcentajes a pagar por los exhibidores; 6) la protección de la minoridad mediante una subcomisión calificadora de films; 7) la conformación de un Fondo de Fomento Cinematográfico (integrado por el l0 % del precio de toda entrada o localidad, el importe de las tasas de visación de toda película extranjera y las multas u otros recursos específicos; 8) el otorgamiento de beneficios económicos para la industria (créditos bancarios, fondos de recuperación industrial, premios especiales a la producción, a artistas y equipos técnicos, etc.); 9) la difusión en el exterior de las películas de exhibición obligatoria; 10) la creación y mantenimiento de un Centro Experimental Cinematográfico para la formación de artistas y técnicos; 11) el fomento del cortometraje; 12) la aplicación de sanciones a quienes ejercitaren censura o impidieren la libre circulación y exhibición de una adhieren la libre circulación y exhibición de una obra cinematográfica.
La anulación de toda legislación anterior y la demora en la puesta en vigor de lo establecido por ley, harán que el optimismo inicial se diluya ante el insólito panorama de una industria paralizada: un único estudio en actividad -Argentina Sono Film, donde se rueda "Rosaura a las diez"- y los otros enfrentando graves crisis (Lumiton se halla bajo pleito judicial; EFA, en quiebra, alquila sus instalaciones como salones de baile para carnaval; se anuncia la venta de Film Andes de Mendoza...).
Recién en abril, por medio de tres decretos del Poder Ejecutivo, se creará el Instituto y se determinarán su misión y funciones, se establecerá una reglamentación provisoria y· se, designará el, directorio que lo regirá. La elección para el cargo de presidente del mismo del ex-director de espectáculos Antonio Aíta ahondará la brecha existente entre el Comité de Defensa del Cine Argentino (conformado por Argentores, SICA, Unión de Productores -UPCA-, Laboratorios Argentinos; Sociedad de Escenógrafos, Sociedad Argentina de Directores -SADIR- y SADAIC) y el Movimiento de Recuperación del Cine Argentino (integrado por la Asociación de Directores de Películas, Asociación de Cronistas, Federación de Cine Clubs, Realizadores de Cortometraje y Asociación del Cine Experimental), por cuanto los primeros se oponían a tal Días de hostilidad se avecinan ante las primeras medidas adoptadas por el Instituto, que habrán de desembocar en una guerra intercinematográfica que enfrentará al organismo con la producción, la distribución y la exhibición.
La exhibición protestará airadamente contra la 62/57 a la que tilda de anticonstitucional y la considera un atentado a la libre empresa Se queja de las bajas "medias. de continuidad" (cantidad de espectadores-promedio para mantener una película en cartel), de la calificación de las salas (salas de lanzamiento, de cruce, de clase B, cabecera de barrio, de primero o segundo turno, populares) y, fundamentalmente, del hecho de estar obligada a exhibir, en fechas y salas determinadas por sorteo, películas nacionales que no dejan las ganancias de la competencia extranjera. Dos medidas impositivas fijadas por el Poder Ejecutivo (impuesto a cada película extranjera y recargo del 15 % sobre cada entrada que se venda) sacudirán a los distribuidores y exhibidores, quienes resolverán no pasar más films nacionales.
Se suspenderá, en consecuencia, el estreno prefijado de "La casa del ángel" y "La bestia humana", que debían ser los dos primeros del año. El revuelo es mayúsculo: urgentes asambleas de SICA, delegaciones de artistas y funcionarios a la Casa Rosada, cabildeos en el Instituto y acción directa de estrellas, realizadores y técnicos que, rasqueta, engrudo y afiches en mano, saldrán a arrancar de marquesinas y vidrieras las fotos y anuncios de los films extranjeros que sabotean nuestros estrenos, en una "operación propaganda" que terminará con intervención policial. EI reclamo del cine argentino llegará, mediante el jefe de la Casa Militar, capitán Francisco Manrique, al mismo general Pedro Eugenio Aramburu, primer mandatario, quien ordenar el cumplimiento de la ley entre vivas, aplausos e Himno Nacional.
La conciliación entre exhibidores y productores habrá de llegar, pero no a través del Instituto.
Representantes de la producción reconocerá que las entradas que devén hacer las películas argentinas en cartel tienen que cubrir los gastos del cine y asegurar un mínimo beneficio al exhibidor, por lo que aceptarán un aumento en las "medias de continuidad", ratificarán la cantidad de estrenos nacionales para cada sala de lanzamiento (uno por trimestre) y acordarán con los exhibidores nuevos porcentajes en cuanto a la obligatoriedad de exhibición. El acuerdo se sellará en los altos del Cine Monumental. Alta, en un primer momento, intenta desconocer los arreglos gremiales, pero, días después, acepta las gerencias y se modifican esos artículos de la ley "a los efectos de contemplar más equitativamente los intereses de ambos sectores".
Las críticas contra la conducción oficial del INC no disminuirán. Por el contrario, todos los sectores remarcarán los desaciertos y se iniciará un continuo desfile de nuevos asesores, nuevos directorios, nuevos consejos consultivos. En diez años habrá diez cambios de autoridades.
Se sucederán así los elencos presididos por Narciso Machinandiarena (1958), Emilio Zolezzi(1959), Pablo Christensen (1960); los delegados del Poder Ejecutivo, Félix Taurel ( 1961 ) y Juan Carlos Goti Aguilar ( 1962); los interventores Marcelo Moreno (1963), Gastón Nogués (1963), Alfredo Grassi (1964) -a quien el gobierno de Illia confirmará como presidente- y, tras la caída del gobierno constitucional, la intervención militar, a cargo del coronel Oscar Vedoya (del lo al 13 de julio de 1966) y del teniente coronel (re) Adolfo Ridruejo, quien, con la nueva ley de cine No 16955/63, asumirá el cargo de administrador general hasta el próximo gobierno civil.

  • La reactivación industrial y la Unión

Hacia agosto de 1957 las catorce entidades del cine que propiciaran la sanción de la 62I57, conforman una federación para defender la actividad que las aúna, bajo la denominación Unión del Cine Argentino (U.C.A.).
El otorgamiento de créditos a proyectos cinematográficos así como la posibilidad de recuperar el dinero invertido mediante el beneficio de un subsidio de recuperación industrial o de los premios en efectivo que anualmente un jurado especial otorgará a la producción, permitirán la tan ansiada reactivación fílmica y la aparición, dentro de los tradicionales esquemas industriales, de un nuevo cine independiente: Los apenas 15 estrenos de 1957 se harán 32 en 1958, 22 en 1959, 31 en 1960 , 25 en 1961, 32 en 1962, 27 en 1963, 37 en 1964, 30 en 1965, 34 en 1966 y 27 en 1967.
A la vanguardia de esa renovación, Leopoldo Torres Nilsson y Fernando Ayala confirmarán esperanzas. La obra de Torre Nilsson, desde "La casa del ángel", será consagrada internacionalmente y sus películas ("El secuestrador" 1958; "La caída", (1959); "Fin de fiesta" y "El guapo del 900", (1960), "La mano en la trampa" y "Piel de verano'',(1962), serán la expresión de un discurso sólido y adulto, de lúcida crítica universal, barrocamente cinematográfico Menos intelectual y más localista, Ayala logra, en 1958, su gran éxito de público y crítica con ``El jefe" , que no conseguirá repetir, ese a intentos válidos ("El candidato" , 1959; "Sábado a la noche, cine", 1960; "Paula cautiva" y "Primero yo", (1963); "Con gusto a rabia",(1964), por lo cual abandonará la línea político testimonial para intentar la comedia.
Algunos directores "de la vieja guardia" reverdecerán laureles desteñidos por la rutina y el oficio con obras de madurez sensibilidad. (Soffici, "Rosaura a las diez", 1958, Leopoldo Tones Ríos, "Demasiado jóvenes'', (1958) y "Aquello que amamos",(1959); Francisco Mugica, "He nacido en Buenos Aires'',(1959); Demare, "Hijo de hombre",(1961), Del Carril, "Una cita con la vida'', (1958). El resto y los de la generación intermedia repetirán, sin mayor inquietud y con bastante mediocridad, fórmulas de supuesto éxito popular, que les permite "estar en actividad" y entrenar por lo menos, una vez al año. En el campeonato por la cantidad ganará, lejos, Enrique Carreras (24 películas argentinas en diez años), seguido por Julio Saraceni (13), Leo Fleider; Carlos Rinaldi y Román Viño y Barreto.
En contra de este tipo de cine surgirá del ambiente cineclubístico y del cortometraje en una joven generación de cineastas que la critica especializada identificará como "Nuevo Cine Argentino".