• EL CINE SONORO Y SU EXPANSIÓN

El periodo 1931-40 abarca la aparición del cine sonoro y la industrialización, con su consiguiente expansión casi simultánea dentro del país y fuera de él, en América y España.
La industrialización propiamente dicha comienza en 1933, con el estreno de las dos primeras realizaciones sonorizadas mediante el sistema óptico (Movietone la banda sonora impresa en el margen de la película) y con la producción programada y copiosa de los dos sellos que arrancan con esos filmes iniciales: Argentina Sono Film, con "Tango", y Lumiton, con "Los tres berrétines" . Lumiton cuenta con estudios propios desde diciembre de 1932; en cambio, Sono trabaja en viejos sets utilizados durante el período mudo, hasta que en 1937 coloca la piedra fundamental de los modernos estudios de Martínez.
En este período ven la luz las películas de los directores que, de pioneros, se convierten en maestros de un estilo y en motores de una expresión artística. A partir de 1940, todos productores, actores, directores, periodistas, técnicos y gobierno- tienen noción clara de la magnitud potencial del cine argentino. Comienza, sin embargo, poco después, la gran decadencia industrial y artística, agravada primero por los ecos de la guerra mundial, que se traduce en el ingreso con cuentagotas de película virgen (materia prima que se fabricaba en los Estados Unidos y que entregaban en mayor cantidad a los estudios mexicanos) y, después, por la despersonalización de los argumentos que, como dijo alguien, "tenían universalidad pero la identidad de las gentes y de sus lugares era irreconocible".
Fue entonces cuando se advirtió que el cine podía ser un medio para dirigir la mentalidad de la masa y para ordenar el pensamiento del individuo "cautivo" en una sala con el fin de orientarlo en una dirección de carácter masivo.
En 1944, un decreto -el 21.344- fue la primera herramienta legal que ordenó desde el punto de vista jurídico al cine nacional con disposiciones sobre la obligatoriedad de exhibición.
  • Cine sincronizado
Con algún humor se hablaba en Buenos Aires del cine "tartamudo". Con ese vocablo se quería adjetivar al período inmediatamente anterior al de "Tango" y "Los tres berretines" Fue, aquí y en todo el mundo, un momento de desconcierto: la llegada del sonido era previsible y necesaria pero no se daba en la tecla. Las, pruebas iniciales se llevaron a cabo con discos.
Hubo una veintena de títulos nacionales que probaron la sincronización con discos al mismo tiempo que los norteamericanos se instalaban con sus películas realizadas de igual modo y un empresario argentino importaba el invento del profesor Lee De Forest, que consistía en cortos sonoros sin discos (el sonido impreso ex el costado de los fotogramas) y en una camarita para obtener la imagen y la sincronización al mismo tiempo.
Domingo Di Núbila, en su "Historia del cine argentino", relata la experiencia de Roberto Guidi, puesto a rodar un film con su disco, que se denominó "Mosaico criollo" Después de muchas pruebas con una cámara muy ruidosa debieron colocar el aparejo detrás de una ventana de vidrio y mover a los actores de adelante hacia atrás para conseguir tomas de cuerpo entero o primeros planos Los discos fueron el delicado fondo de otros títulos como ``EI drama del collar" (Arturo S. Mom, 1930), "Adiós, Argentina" . (Mario Parpagnoli, 1930), "El cantar de mi ciudad"'(José A. Ferreyra,1930), "Dios y la Patria" (Nelo Cosimi, 1931), ``Pancho Talero en Hollywood" (Arturo Lantéri,1931), y "Muñequitas porteñas" (José A. Ferreyra, 1931), entre otras. E1 furor de la sincronización desató otra aventura: la de reponer con sonido algurios films ya estrenados.
E1 gran delirio fue el del disco que se colocó como fondo de una película alemana, denominada aquí "Flor de fango", en cuyo estreno se escuchó la voz de Ada Falcón entonando un tango.