ADRIAN LILINO

Hace ya tres años que estoy en la Casa Familia, parece mentira como ha pasado el tiempo. Desde que estoy acá me sucedieron un montón de cosas que me han ayudado para poder crecer, a sentirme más seguro de mí mismo, de las personas que me rodean. A poder convivir con otros chicos que quizás presenten problemas similares a los míos o distintos, que al igual que yo no tuvieron quién les tienda una mano para poder ayudarlos en un mal trance de la vida que nos tocó vivir. Pero por sobre todas las cosas, he aprendido a rescatar valores que me serán útiles en la vida y ver que, aunque creas que estás solo, siempre habrá alguien que confíe en vos y que apueste a la vida.

Al principio creí que me costaría llegar a poder vivir con otras personas ajenas a mí, desconocidas, pero con el tiempo fui conociéndolas e integrándome a esta nueva Casa que de ahora en más sería mi familia. Llegué a depositar mi confianza en ellos, y es más, a encontrar una guía y ejemplo de vida en alguno de ellos, tanto como en los sacerdotes y hermanos como en la gente que colabora y está con nosotros tratando de lograr lo mejor para que luego nos integremos a la sociedad en la que estamos inmersos sin ningún resentimiento y poder llevar una vida normal como cualquier otra persona.

He aprendido a convivir con mi pasado aunque me duela, a no quemar esa etapa de mi vida sino aceptarla y crearme poco a poco mi propio proyecto de vida.

Realmente le estoy agradecido a la vida de haberme puesto en sus manos, de no haber venido acá estaría en algún hogar estatal, y no tan cuidado y protegido como lo estoy aquí, lleno de personas que apuestan a un futuro mejor, a una sociedad nueva, donde todos podamos vivir dignamente.

 

ADRIAN LILINO.


[Volver a Página Principal]