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Periódico de Cultura |
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![]() Mitológica "Esa extraña danza bruja ... Mágica y misteriosa, Chiloé se erige como cuna y hábitat de mitos ancestrales que perviven e impregnan el imaginario colectivo del Sur de Chile. Los brujos de Chiloé conservan, a pesar del transcurso de los siglos, una vigencia que los mantiene insertos, con total naturalidad, en la cotidianeidad de los chilotes.La noche era clara, una luna circular dominaba la bahía de aguas aceitosas de la Isla Lemuy. El pescador en su barca contaba mentalmente los kilos de pescado que su tarea de todo el día le había proporcionado, mientras pitaba sin apuro un pedazo de tabaco. Se reacomodó en el fondo de su viejo bote de madera, junto a la proa, dispuesto a dejar pasar las horas hasta que las primeras luces del día le permitieran volver al puerto a vender los frutos de su trabajo. Mientras fumaba, comenzó a ver señales de luces que se cruzaban desde los dos grandes cerros que dominaban ambos extremos de la bahía. Parecían señales en algún misterioso código secreto que permitían comunicarse. De repente, una sombra salió despedida de uno de los cerros a la vez que algo se movía en el cielo de la noche estrellada. Cuando los tuvo encima de su barca, a unos diez metros de altura, se dio cuenta de que se trataba de dos brujos que volaban sobre la bahía desde un cerro a otro. De aspecto nútidamente humano, no era la primera vez que se dejaban ver por el viejo chilote; llevaban su macuñ -el chaleco que les permite volar y que les sirve para alumbrarse en la noche- y surcaban el cielo con las piernas flexionadas hacia atrás y la cabeza para abajo. El silencio era sepulcral. El pescador pudo observar durante largo rato esa extraña danza bruja acurrucado en el fondo de su barcaza, hasta que el cansancio del día u otra fuerza sobrenatural lo venció. Cuando despertó con los primeros rayos del amanecer sobre los cerros de la Isla Lemuy, se vio a sí mismo flotando solo en medio del mar frente a la costa, sin señales de otras embarcaciones en kilómetros a la redonda y con su barcaza totalmente vacía de pescado. Así regresó a puerto aquella mañana. Esta historia se escuchó en el Puerto Blanco de la ciudad de Castro, en la Isla Grande de Chiloé en la Patagonia chilena. La contó Don Godoy, un viejo pescador que se dedica al salmón, en la bahía de Castro, aunque son pocos los pesos que arrima a su casa por culpa de las pisciculturas. Al principio, Don Godoy se mostró reticente a hablar sobre los brujos, hasta que, después de un rato de "darle a la conversa" -como se dice por esos lares-, se logró el nivel de intimidad necesario para que se dispusiera a narrar su experiencia con brujos. Su relato, vívido, contenía referencias de espacio y tiempo -"hace un año de esto", decía-. Para él, como para los demás chilotes, se trata de algo natural y, cuando hablan de ello, lo hacen sin el menor interés en saber si el interlocutor les cree; están convencidos de que son hechos que ocurrieron y punto, no hay otra posibilidad de explicación racional. Como Don Manolo, el capitán de El Pato, una barcaza dedicada al turismo, de aspecto urbano, que afirma que jamás ha visto un brujo pero que sabe que existen -"hay muertes extrañas, sin causa aparente", sostiene-. Él, como muchos, no necesita pruebas para creer en su existencia. |
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