Periódico de Cultura
edición electrónica Nro. 2
La Brujería

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Renato Cárdenas
El Comandante "¿El Brujo?"

Renato y Walter

"La brujería
surgió
como un organismo
de resistencia
indígena"


Renato Cárdenas, antropólogo, escritor, historiador, constituye un referente obligado en la isla de Chiloé cuando se trata de abordar con seriedad y profundidad la mitología chilota. Autor de varios libros sobre el tema, fue consultado por Tela de Rayón en su casa de la calle Pablo Neruda, en la ciudad de Castro, capital de la Isla Grande de Chiloé. Llamado por sus pares "El Comandante", algunos afirman que es uno de los miembros de la organización de brujería La Recta Provincia.



Renato, ¿cómo desde la literatura desembocás en lo antropológico?
–Es cierto. Partimos de un movimiento literario y, luego, cada uno fue encontrando su camino. En mi caso, lo hice utilizando el soporte literario, para tratar de usar sus elementos en la expresión de este mundo mitológico. Trabajo un método de traducción del mundo oral, entonces empleo un método de edición de ese material, en el que se usan muchas técnicas literarias sin destruir esa pieza, colocando las claves para el lector. Para que a ese lector, que está acostumbrado a leer literatura, le llegue lo más cercano posible. Es difícil traducir de una lengua oral a una escrita, mucho más difícil que traducir de un idioma a otro.

–Toda esta cuestión fantástica del imaginario popular chilote es un tema literario interesantísimo...
–El problema de la mitología es un problema de método de traducción de ese mundo oral. Y, en este caso, no sólo del mundo oral, sino del mundo íntimo que es la mitología. Si tú me estás contando de un mito, es como si me estuvieras contando cómo haces el amor con tu pareja, es más o menos ese nivel de intimidad. Yo, al menos, no lo hago, pero, de repente, tú logras llegar a una intimidad con la gente. Como uno ha vivido ese mundo privado, es posible alcanzar un grado de intimidad con una familia, como para que te empiece a contar cosas que van más allá de lo que tú sabías; de alguna manera, son como pasos de un plano a otro y eso es muy interesante. Ahora, traducir eso es difícil. ¿Qué se ha hecho tadicionalmente en este tipo de literatura? Enfocar la mitología desde un punto de vista literario, como si fuera un cuentesito. Y allí está el primer error. Porque no son cuentesitos, no es un mundo de ficción, sino que es un mundo absolutamente concebido de una realidad, con una fuerza y una dinámica distintas de la realidad literaria. El segundo error es que hay diez versiones sobre un tema y se funden en una, que, por lo tanto, no existe: esa una no existe porque te alcanza un elemento acá, otro de allá... Una versión te dice que el trauco usa bastón; otra, te dice que es una chica; la tercera, que el trauco es chico; la cuarta, que es como una guagua; la quinta, que tiene munón... entonces construyes con esos elementos el trauco con hacha y bastón. Resulta que el bastón no existe en ninguna versión. Un día, en el sur, una señora me dijo que se supone que el bastón es una enredadera de un bosque muy grueso que se llama pagueldún. Entonces, la señora me dijo: "Y estos niños se afirman en el pagueldún". Yo, entonces, le repliqué: "Ah, lo usan como bastón". Ella, riéndose, me contestó: "¿Cómo van a andar con bastón arriba de los árboles?". Claro, lo que sucede es que esa versión es de hace treinta, cuarenta o cincuenta años; se la contaron al que estaba tomando notas y él pensó: "Se afirma: bastón". Y, claro, es absurdo, el trauco no anda abajo, anda en los árboles; anda abajo cuando hace un paso, del bosque a la casa, y, además, es un paso mágico... La mujer convoca a las guaguas, si eres hombre tú convocas a la mujer y en ese momento tú estás idealizando tu mujer, y esa es la que llega a ti; cuando la mujer convoca al trauco está idealizando al hombre, y el hombre la que la posee es el hombre ideal, no la guagua; la guagua es como el envase permanente, esa es una versión de la Isla. Ahí ves cómo una realidad se va estigmatizando, deformando, si tú no tienes los elementos, los instrumentos adecuados para transmitirla al mundo, si no puedes incorporarla al mundo por medio de la lectura y la escritura.

–¿Cuál es el origen de la brujería en la isla?
–Después de las rebeliones indias, las rebeliones armadas, fueron apareciendo movimientos de descontento por parte de los indios. Este descontento tuvo manifestaciones cada vez más intensas, hasta que derivó en una huelga. La iglesia de Castro aun estaba en construcción, había ochenta encomendados y, un día, no llegaron nomás. Se trató de una huelga en el siglo XVIII, época en que el capitalismo "no funcionaba" todavía acá. Existen documentos que se hacían llegar a los cabildos en los que se denunciaba una especie de agitación por parte de los caciques contra los encomenderos. Es aquí donde encontramos a La Recta Provincia, que es la organización estructural de la brujería que surge a fines del siglo XVIII y que coincide con todo este movimiento. Nosotros hemos ido asociando La Recta Provincia con el proceso de organización de los indios, que no tenían esa estructura, aquí no existía un Estado centralizado, sino que había grupos familiares, comarcas, donde dominaba un determinado linaje; el linaje generaba la estructura social. Así, comenzó a organizarse una sociedad clandestina, tipo secta o cofradía, que fue conocida plenamente a fines del siglo siguiente, cuando fue procesada. El proceso a los brujos ocurrió en 1880 o 1881, y en ese proceso se conocieron cosas increíbles respecto de cómo funcionaba una organización leninista –de partido diría Lenín–. Por eso puede decirse que esta organización, la brujería, surgió como un organismo de resistencia indígena.

–¿Una especie de logia?
–Una logia, claro. La misma idea de las logias que surgió en el siglo siguiente en el mundo de los independentistas. Y esa logia fue procesada y es muy interesante leer ese proceso, que se conserva en el archivo de la ciudad de Castro. Era una asociación secreta apoyada en prácticas para resistir a los abusos del estrato social dominante y que existe hasta la actualidad. Tienen sus cabildos o corporaciones locales que nombran sus jefes o reparadores que responden a un rey y reina, los que, a su vez, son asesorados por un Gran Consejo. Hacían una subdivisión territorial bajo nombres falsos. Así, existían los distritos de Lima, Santiago o Buenos Aires, pero que en realidad correspondían a zonas de la Isla de Chiloé.

                              Walter García Moreno/ Tela de Rayón

La Columna
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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