PROCERES

Coronel Felipe Varela

Aunque nacido en Catamarca desde niño vivió en Guandacol y en La Rioja asentó su prestigio de hombre de trabajo y de armas. Así sufría exilio y prolongados períodos de vida en Copiapó. Considerado uno de los tres máximos caudillos riojanos, su prestigio y renombre se consolidó como jefe militar en la revolución de Los Colorados de fines de 1866, movimiento insurreccional surgido en Mendoza y que se oponía levantando las banderas federales al proyecto mitrista, a la guerra del Paraguay y al accionar del Ejército nacional en el interior del país.

En la batalla del Pozo de Vargas (10-4-1867) se enfrenta en la afueras de la capital riojana al Ejercito del general Manuel Taboada. Con su derrota se derrumbaría el proyecto federal y comenzaría una trágica epopeya que lo llevaría durante un par de años a seguir un triunfo que nunca logró alcanzar. Moriría tísico y pobre en un pueblo próximo a Copiapó, Nantoco, tras protagonizar jornadas de lucha, de valor y sacrificio intentando levantar nuevamente las banderas de un federalismo auténtico y cierto. Quedó de él su figura quijotesca, su llamado a la unión de los pueblos americanos y su inquebrantable fé en un ideal al que entregó su vida.