Ofrezco los datos que pude recoger de la gente. Particularmente de mi padre nacido en 1888, y del archivo parroquial de Aimogasta.
EL SEÑOR DE LA PEÑA es un gran peñasco, de aproximadamente 12 mts. de alto, desprendido no se sabe cuando del segundo cordón de la Sierra del Velasco. Está ubicado junto al "barrial" formado por la sedimentación de las grandes crecientes de los ríos de la zona.
Es muy posible que los indígenas, con seguridad conocedores del fenómeno, hayan adorado a esta piedra como a un Dios. Como también que hayan informado de su existencia a los conquistadores españoles quienes, en el afán de conseguir su sumisión, les hayan hecho aceptar que allí estaba la figura universal de Cristo.
Lo cierto es que ya en el siglo pasado se hablaba de "LA PEÑA DEL BARRIAL" o simplemente "LA PEÑA". La Autoridad eclesiástica ponía ciertos reparos a esta devoción popular, por los peligros de fetichismo e idolatría y porque algunos comportamientos de los devotos (por ej. comer un asado con los amigos en un clima de fiesta por el encuentro) contradecían las normas y el clima espiritual de Semana Santa.
El primer documento eclesiástico que conocemos es de marzo de 1956 y lleva la firma de Mons. Froilán Ferreyra Reynafé, primer Obispo de La Rioja. En vista del informe elevado por el Cura Párroco de Aimogasta, entre otras cosas, dice: "Corresponde al Párraco velar porque estos actos se encuadren dentro del espíritu y normas que prescriben las leyes canónicas, a fin de evitar superticiones y deformaciones perniciosas Con las limosnas que allí se recojan, procure (el Párroco) adquirir en propiedad un terreno adecuado y erigir una capilla o por lo menos un Vía Crucis que dé lugar el sentido de piedad y verdadera devoción católica .".
En 1908 el costeño Julio de la Fuente y el machigasteño Vicente Sedano colocaron sobre la cúspide de la piedra la cruz de hierro que aún se conserva.
La llegada de Mons. Enrique Angelelli (1968), guiado por la orientación pastroal del Concilio Vaticano Segundo, significa un gran paso adelante. Además de una nueva tónica en la atención pastoral (prueba de ello es su Mensaje de Pascua que se transcribe en otra parte), se busca brindar a peregrinos y devotos una mayor comodidad: Baños públicos en 1974, local para Sala de Primeros Auxilios en 1975, pileta de 12.000 litros para agua potable en 1976. Posteriormente se nuclearon bajo la loza con galería la Sala de Primeros Auxilios, la Sala parroquial y el nuevo Salón para las Promesas. Ultimamente se construyeron dos salas de control junto al arco de entrada, un nuevo cuerpo de baños públicos, una pequeña capilla, el alambrado para delimitar el predio, y un cordón rodeando la peña para delimitar una "zona de oración". Todas estas obras fueron dirigidas por la Comisión Parroquial y costeadas con el aporte de devotos y peregrinos.