¿Qué papel jugó la Iglesia (los curas) en todo esto?

No siempre los Curas estuvieron de acuerdo. Recordemos que allá por 1692 lo prohibieron bajo pena de excomunión. Una prohibición que durará unos tres siglos. Por eso dice Joaquín V. González que le llamó la atención este rito religioso cuyo Cura no era un Cura sino un laico, el Inca. ¿Por qué esta duración contra viento y marea? Porque el pueblo sintió que sus sentimientos y su planteo estaban perfectamente interpretados por esta ceremonia. Vaya pues mi reconocimiento y mi agradecimiento a las Cofradías de los Aillis y de los Alféreces por habernos conservado esta tradición.

Recién a fines del siglo pasado Mons. Abel Bazán y Bustos le da importancia y recoge datos en un libro. Y a partir de entonces cada Cura irá haciendo su aporte. No los voy a nombrar a todos. Será el Padre Vera Vallejo el responsable de que los Curas vuelvan a estar presentes en la procesión del Tinkunaco. Y será Mons. Gómez Dávila el primer Obispo que la preside. Y será Mons. Enrique Angelelli el gran teólogo del Tinkunaco, el que desentrañó sus contenidos… el responsable de que yo me haya enamorado del Tinkunaco y hoy esté escribiendo, no para satisfacer a los investigadores sino para que la gente común me entienda.