El 31 de diciembre, terminados los abrazos, el Intendente le entrega al Niño la llave de la ciudad. En primer lugar porque suele suceder que cuando llega al aeropuerto un gran personaje, el Intendente sale a recibirlo declarándolo "huésped de honor" y hasta suele entregarle las llaves de la ciudad como diciéndole "esta es su casa". Pero también (segunda razón) para reconocer que el Niño es, ese sí, un "Alcalde en serio, Alcalde con todas las letras. Yo apenas soy su sucesor". O mejor si lo decimos con mentalidad diaguita: PARA QUE EL INTENDENTE APRENDA A SER AUTORIDAD.