MONOGRAFÍA
LA SEXUALIDAD EN LOS TIEMPOS DEL SIDA
Autores: Psicóloga Ana María Gortari, Dr. Carlos Enrique Fullone
Aclaración de los autores. Repudio. Objetivos del trabajo. Sexualidad: Evolución del concepto. Que es el SIDA. Avance de la epidemia: Sus causas. Consideraciones. Propuestas. Conclusión. Bibliografía.
El objeto del trabajo es analizar los desarrollos de la sexualidad humana en los tiempos modernos y contemporáneos en la sociedad occidental, hasta y a partir del impacto del SIDA.
La sexualidad humana a diferencia de otras especies vivas en algún momento de la evolución dejó de estar ligada exclusivamente a la reproducción y se instaló como fuente de placer.
Las diferentes organizaciones sociales, creencias religiosas, razas, han ido dando a lo largo de la historia de la humanidad diferentes respuestas, posibilidades y sentidos a la actividad sexual de sus varones y mujeres: monogamia, poligamia, homosexualidad, heterosexualidad, etc. La sexualidad ha seguido los avatares de las organizaciones sociales con todo lo que ellas implican: creencias religiosas, costumbres, filosofías, ideología, ciencias, normas morales.
Bajo el signo del cristianismo se afirma la superioridad del espíritu sobre lo material, se reprime el sexo como fuente de placer y queda ligado a la reproducción en su fundamentación ética. El deseo sexual es pecado. La moral cristiana intenta suprimir totalmente el placer ligado al acto sexual.
En tanto supremacía de lo religioso espiritual surge la virginidad como virtud. Se idealiza la maternidad. Se recomienda la castidad.
Los temas sexuales se suprimen, se hacen tabú.
Sin embargo con la modernidad y el renacimiento hay intentos de reacción. Aparecen tentativas de revivir patrones de conducta de la civilización clásica (griega), donde el placer sexual tenía un lugar importante.
También burlaban esta rígida concepción las elites, que si se permitían el acceso al placer.
En los siglos XVI y XVII, aparece un flagelo que no respeta sexo ni clases sociales: La Sífilis.
Fue aprovechada para señalarla como castigo divino contra la ausencia de moral y la promiscuidad.
Sin embargo las aristocracias eran cada vez más sofisticadas en la búsqueda de placeres. En las cortes abundaba la vida licenciosa. La homosexualidad se puso de moda. En el pueblo paralelamente se desarrollaba una honesta conciencia burguesa mucho más sexofóbica, siguiendo el “discurso” cristiano.
La revolución burguesa al son de libertad, igualdad y fraternidad arrasó con las normas vigentes, económicas, políticas y morales. En el ámbito de la moral sexual produjo una mayor moralización de las costumbres. La sexualidad se aloja en el hogar familiar. Aquí nace el modelo de pareja monogámico, estable, constituido por amor, y no más por pactos familiares o dotes.
La era victoriana convirtió a la sexualidad en sinónimo de matrimonio y procreación, pero a la vez generó una sexualidad marginal y una doble moral inevitable. Así junto a la vida familiar sin placer ni amor, existían prostíbulos, prostitutas callejeras, prostitución infantil, etc.
La moral victoriana se encarnizó con las clases populares. La represión se instala como modelo de relaciones sociales dejando de ser solamente un proyecto religioso. El victorianismo no se limitó a lo sexual. Se extendió a toda manifestación placentera de la vida cotidiana de las clases populares.
La ciencia victoriana y post-victoriana colaboran. Se ataca la masturbación y la homosexualidad masculina, uno como enemigo de la salud, otro como delito.
El placer se vive solo a través de la perversión y está destinado al goce masculino. Lo placentero queda reservado a la marginalidad. Freud estudió la histeria en una sociedad que vivía los efectos de la moral victoriana.
La mujer es una criatura pasiva y desexualizada.
El ideal maternal ha privilegiado el aspecto reproductor de la sexualidad en perjuicio de su erotismo. Al mismo tiempo el lugar sexual de la mujer en estos tiempos de represión es el de acompañante o de objeto erótico, legitimando la pasividad desde el discurso médico-psiquiátrico.
El siglo XX produce cambios estructurales importantes que tienen que ver con el ascenso social de las masas, el mejoramiento en la calidad de vida, el reacomodamiento de fuerzas a nivel mundial.
En la moral sexual aparecen expectativas de normas menos restrictivas que se visualizan recién después de la segunda guerra mundial, ante el crecimiento social y político de la mujer. La mujer de este siglo lucha por sus derechos y ellos incluyen el derecho a una sexualidad placentera, disociada de la reproducción.
Paralelamente al crecimiento de la mujer, estudios de género, nuevas éticas sexuales y de vinculación humana se dan el avance tecnológico, informático, atómico y una verdadera eclosión de lo sexual. El sexo es usado para vender, aparece en las revistas, cine televisión se hace explícito, es noticia, pasa a primera plana, se comercializa. Se cuestionan los valores tradicionales, los tabúes, las prohibiciones.
Uno de los logros más importantes del siglo XX es haber separado efectivamente el sexo placer - recreación - comunicación de la función reproductora. Y lo ha hecho efectivo con la aparición y democratización de los métodos anticonceptivos.
Permanece una división, el sexo oficial cuyos valores y modelo pasan por la pareja heterosexual matrimonial y reproductiva no siempre ligado al goce sexual y el sexo marginal unido al placer - recreación cuyo acceso queda predominantemente permitido a los grupos con poder económico (sexo que se puede comprar) y a ciertos sectores intelectuales. Las clases menos favorecidas económicamente aún teniendo sexo por fuera de su matrimonio no se alejan totalmente del modelo oficial.
En este escenario aparece avanzando la segunda mitad del siglo XX el HIV-SIDA impactando brutalmente sobre la sexualidad de todos ya sean los que la sociedad penaliza por sus prácticas sexuales y sobre los que no.
El SIDA plantea a quienes están en condiciones de ejercer la sexualidad, a quienes se sienten responsables de su atención en los sistemas de salud, a quienes modelan pautas de conducta desde los medios de comunicación, a quienes legislan, a los entes reguladores en general, problemas ideológicos, metodológicos y éticos.
Si los avances en el uso y disfrute de una sexualidad personalizada, con pleno derecho de varones y mujeres no deben sufrir un retroceso por el SIDA, como castigo moral o el SIDA como enfermedad mortal habrá que revisar y plantear cuidadosamente los métodos de prevención.
El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), causado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH o en inglés HIV), se ha transformado en pocos años en una pandemia de devastadoras consecuencias.
Comenzó a fines de la década del 70 donde se vieron aparecer casos de cánceres poco frecuentes (sarcoma de Kaposi) e infecciones de rara presentación con un sistema inmunitario indemne, fundamentalmente en hombres homosexuales.
Fue denominada “Peste Rosa”, nombre evidentemente discriminatorio y que muy probablemente retrasó el interés en la inversión de capital para su investigación.
Luego se lo vio extender a drogadictos intravenosos, comenzó a conocerse su agente causal (VIH) y su modo de acción (destrucción lenta y progresiva del sistema inmunitario de defensa), y se conocieron sus vías de transmisión:
1) Sexual
2) Sanguínea
3) Madre a hijo (trasplacentaria)
4) Lactancia
Desde los drogadictos heterosexuales y desde los hombres bisexuales se extendió al sexo femenino y por ende a toda la población, con lo cual llegamos al estado actual donde hay 13.000.000 de infectados por el virus VIH, de los cuales 5.000.0000 serían mujeres y calculándose para el año 2.000 un mínimo de 10.000.000 de casos de SIDA y de 40.000.0000 de infectados por el VIH, de los cuales el 25% (10.000.000) serán niños.
La tasa de afectados por SIDA se duplica geométricamente cada 14 meses en nuestro país, con una alta tasa de incidencia en la Provincia de Buenos Aires, especialmente en el conurbano y zonas veraniegas, Capital Federal y en tercer lugar Santa Fe.
En Argentina hay 130.000 infectados por el VIH. En los próximos 10 años morirán unas 50.000 personas, creando de esta forma una crisis social y duelo que ni siquiera la pasada dictadura militar con su secuela de 30.000 muertes pudo igualar.
El costo económico de esta epidemia es enorme. En los países desarrollados cada enfermo de SIDA cuesta desde que enferma hasta su muerte 80.000 dólares, lo cual genera una vez más la marginación social de estos sufrientes.
En la Argentina el 91% de las infecciones por VIH se encuentran entre los adictos intravenosos (44%), homo-bisexuales (27,1%) y heterosexuales (20,2%), con una relación hombre-mujer de 4:1, en plena etapa de transición entre el viejo modelo occidental de epidemia (predominio de homo-bisexuales y adictos intravenosos con relación hombre-mujer alta mayor de 10:1 y bajo número de hijos infectados), hacia el modelo africano donde la relación hombre-mujer es de 1:1 y con alta tasa de hijos infectados siendo la relación heterosexual la vía principal de contagio.
Este cambio de modelo acentuará la destrucción social, la marginación, y hará que las cifras previstas (ya de por sí altas) de mortalidad queden dramáticamente desactualizadas, en especial en un país que atraviesa una profunda crisis moral-económico-política, y en donde las políticas de protección social son progresivamente abandonadas.
Para mejor comprender las causas de esta epidemia y su rápido avance citaremos:
1) Falta de interés inicial en su investigación ya que afectaba a grupos sociales marginados (homosexuales, luego drogadictos), lo que motivó que los factores de poder no le dedicaran la atención necesaria.
Fue visto como una enfermedad de seres marginales o de países marginales o periféricos (países africanos) y por ende tratado con la misma indiferencia que se observa en otras enfermedades sociales como puede ser en Argentina la enfermedad de Chagas-Mazza.
2) En nuestro país la estructura dependiente hace dirigir los recursos disponibles a la compra de “aparatología de punta” destinada a unos pocos, (un país pobre pero con superabundancia de tomógrafos y resonadores magnéticos y concentrados en el área metropolitana), los modelos de investigación siguen las pautas extranjeras (norteamericanas en general), descuidando el sanitarismo de base y todas las medidas de prevención, entre ellas las del SIDA.
Es así como en los congresos médicos se anuncian líneas de investigación participando de estudios multicéntricos internacionales sin que esto tenga un correlato “práctico” para la Salud Pública, al mismo tiempo que se descuidan por la supuesta falta de presupuesto líneas de acción más directas con mayor impacto en los problemas de salud modificables (posibles), olvidando que lo más económico es la prevención.
3) Al quedar adjudicado la transmisión del VIH a grupos sociales discriminados, se descuidó la vía heterosexual que se transformó finalmente en la principal vía de contagio.
4) Esta evolución hacia la diseminación heterosexual puso en juego todos los prejuicios y precondicionamientos para tratar el tema de la sexualidad en forma abierta, escamoteando un importante flanco a la labor educativa.
Se diseñaron campañas informativas pero no formativas, limitadas por el concepto de “pareja estable” que no se define correctamente.
No se escucha ni se ve en las campañas del SIDA el concepto de sexo-placer sexo-comunicación ni se habla claramente de la posibilidad de la no-existencia de monogamia absoluta por lo cual se estigmatiza y discrimina la promiscuidad restringiendo el concepto de sexo seguro a la pareja monogámica y estable.
El concepto de promiscuidad está peligrosamente metido en toda campaña realizada, las cuales en general priorizan explícita o implícitamente el siguiente discurso:
a) Personas “decentes” de pareja monogámica excluyente, no drogadictos y heterosexuales no tienen SIDA.
b) Personas de “segunda categoría” a quienes va dirigida la campaña: no monogámicos, sexualidad diferente, drogadictos, promiscuos, prostitutas, etc., que si tienen SIDA.
Tal duplicación discriminativa del discurso hace que el mismo sea inefectivo ya que está destinado a “otra persona, distinta de mí”, y por ende aunque muchas personas puedan conocer exactamente todas las vías posibles de contagio no modificarán su conducta al no sentirse incluidos en los grupos de riesgo.
Las campañas parecerían quedar entrampadas por la limitación que implica el querer dar información adecuada sin cuestionar la moral vigente (pareja heterosexual - monogámica matrimonial - estable - reproductiva).
¿Cuál es la pareja estable?: La presente, la pasada o las posibles futuras.
¿De que monogamia se habla?: De la institucional o de la real.
La vía sanguínea es atacada fundamentalmente en base al control transfusional y mencionando la drogadicción intravenosa, pero en general sin evitar su censura, lo que lleva nuevamente a lo dicho ut-supra sobre la estigmatización del diferente, lo cual lo aleja de la posibilidad real de cumplir con las pautas de prevención.
¿Se promueve la libertad y capacidad crítica de la ciudadanía, o se pretende que se cumplan determinados procedimientos impuestos en forma artificial?.
Por otro lado tanto la desorganización familiar, como la social, la marginación, el desempleo, la falta de bienestar y la pobreza (más allá de cualquier consecuencia orgánica directa por desnutrición) fomentan conductas autodestructivas favoreciendo por un lado la invasión viral ante su exposición (aquí tenemos importantes relaciones con la psiconeuroinmunología) y por el otro el fracaso de cualquier información por más completa que sea.
La información en condición necesaria pero no suficiente para conseguir un cambio de comportamiento.
Así podríamos seguir cuestionando los distintos elementos que conforman las campañas, pero solo vasta decir que el combatir eficazmente el SIDA implica una decisión ética muy poderosa, que hasta ahora no se ha tomado.
LOS VALORES MORALES VIGENTES NO DEBEN PONER EN RIESGO EL BIEN SUPREMO DE LA VIDA HUMANA.
NO HAY GRUPOS DE RIESGO, SINO CONDUCTAS DE RIESGO.
1. Eficaz educación sexual, que legitime la sexualidad como fuente de placer y de comunicación humana.
2. Redefinición y/o revisión de las conductas de “sexo seguro” que impliquen el uso de preservativo aún dentro del matrimonio.
3. Promover en forma totalmente abierta y pública el uso del preservativo como método anticonceptivo, llevando esto implícito el mensaje de legitimación del sexo sin finalidad reproductiva, dentro y fuera del matrimonio.
4. Desmitificación y erotización del preservativo y resignificación de su uso dentro de la pareja estable.
5. Crear un clima de libertad personal y respeto de las individualidades que garantice el bienestar social de cada grupo o persona, de tal forma que la decisión sobre la prevención sea una realización compartida entre el Estado, la Sociedad y el grupo o individuo en cuestión y esté ajena a toda presunción o significación negativa.
6. Promover actitudes de responsabilidad personal en el cuidado de sí mismo y de la pareja.
7. No-discriminación de los ya infectados.
8. Garantizar la responsabilidad social (pública y privada) en la asistencia integral a los enfermos y portadores.
PREVENIR ES PROTEGER LA VIDA DE LA HUMANIDAD.
LA PREVENCIÓN EN VIH-SIDA ES PROMOVER EL DERECHO AL EJERCICIO DE UNA SEXUALIDAD PLACENTERA, CONTRIBUYENDO AL DESARROLLO INTEGRAL DEL SER HUMANO.
1. Contribuciones. Asociación Argentina de Protección Familiar. - Año: 13 - Nº: 41 - 12/90.
2. Aller Atucha, Luis María. - Pedagogía de la sexualidad humana. - Edit. Galerno.
3. Gindin, León Roberto. - La nueva sexualidad del varón. - Edit. Paidós
4. 10.000 Líderes para el cambio. - Guía de estudios y capacitación para directores y coordinadores de programas preventivos.
5. Educación para la salud. - Ministerio de Salud Pública de la Nación. Secretaría de recursos y programas de salud. - Informe técnico Nº: 1 - Año: 1995.
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