Jaime
Rubén García, Instituto Copérnico, Argentina, jaimegarcia@infovia.com.ar
Las
explosiones de Rayos Gama (GRB) son tan prodigiosamente poderosas que los astrónomos
se esfuerzan para encontrar fenómenos cataclísmicos lo suficientemente
violentos como para poder explicarlas. El pasado abril, la NASA patrocinó en
Huntsville, Alabama, EE.UU., un taller sobre astrofísica de altas energías que
se ocupó principalmente de este tema. En este trabajo incluyo algo de lo que me
tocó aprender de este taller.
Contenido
En
la madrugada del 28 de febrero de 1997, los sensores de gran campo del
telescopio orbital ítalo-holandés BeppoSAX, repentinamente cobraron vida. El rápido
encendido de una explosión de rayos Gama, proveniente de la constelación de
Orión, iluminaba los detectores del satélite y los investigadores del Centro
de Operaciones Científicas de Telespazio, en Roma, se apresuraban para capturar
la explosión de sólo ocho segundos de duración. La explosión en sí no era
poco común, pues ya se habían detectado otras 2500 en las últimas tres décadas.
Es más, como en sus miles de predecesoras, el destello no tenía contrapartida
en el visible, no siguiendo ningún patrón establecido de ascenso o descenso, y
rápidamente desapareciendo de la vista.
Pero
la explosión fue, al menos, digna de atención. Los astrónomos italianos
fueron capaces de calcular su posición precisa en el cielo, y en ocho horas,
tenían la cámara de campo estrecho abordo del BeppoSAX enfocada en la dirección
del destello. Trabajando tan deprisa, los astrónomos pudieron ver una fuente de
rayos X previamente desconocida. Fue la primera vez que un destello de rayos
gama era observado en otra frecuencia.
Mientras
tanto, equipos localizados en tierra, en California, Islas Canarias, Chile,
Hawaii, Italia, New Mexico (EE.UU.) y España dirigieron inmediatamente sus
telescopios ópticos al objetivo indicado por el equipo del BeppoSAX. Así, los
astrónomos de tierra pudieron captar a tiempo el resplandor del desvanecimiento
de la explosión, pero demasiado tarde como para obtener la luz suficiente para
un espectrograma, desafortunadamente. Lo que vieron fue una débil galaxia
distante, coincidente con la posición del destello. Sin el espectro del
destello, sin embargo, nadie puede hacer una estimación de la distancia del
destello a la Tierra. La
coincidencia de la explosión de rayos gama con la galaxia en una misma línea
visual podría haber sido únicamente por azar, y realmente la explosión haber
sido a muchos miles de millones de años luz.
Como
resultado, después de veinticinco años de cacería, el origen de las
explosiones de rayos gama continuaba esquivo a sus perseguidores. Los astrónomos esperaban que esta tecnología tan
sorprendente pudiera resolver los viejos enigmas que aún los desvelan. ¿Qué
son esas cortas explosiones de muy alta energía que repentinamente surgen de
cualquier lugar del cielo, una vez al día? ¿Por qué los destellos duran tan
poco pero varían tanto, a veces, ascendiendo rápidamente y desvaneciéndose en
menos de un segundo, otras veces continuando el destello por más de un minuto
en un ritmo staccato? ¿Cuánta energía se libera en cada explosión? Y,
¿dónde exactamente ocurren las explosiones de rayos gama, en las proximidades
del Sistema Solar, dentro de la Vía Láctea, o en galaxias distantes a miles de
millones de años luz de aquí?
El
misterio de las explosiones de rayos gama no comienza con astrónomos sino con
diplomáticos. A fines de la década de 1950 el Reino Unido, los Estados Unidos
y la Unión Soviética comenzaron negociaciones para limitar la carrera nuclear
y detener los ensayos de armas nucleares en la atmósfera, en el espacio y bajo
el agua. Pero las conversaciones se estancaron por cinco años, en parte porque
ninguno de los tres países estaba dispuesto a abrir sus arsenales al control de
los otros países.
En
1963, sin embargo, EE.UU. desarrolló un método que aseguraba el control sin
necesidad de visitar los sitios de los países involucrados en el tratado. Estos
dispositivos eran satélites colocados en órbitas altas que escudriñaban la
superficie de la Tierra en busca de emisiones de rayos gama y rayos X
provenientes de las pruebas nucleares que se realizaran en cualesquiera de los
tres medios acordados. Estos satélites se conocieron por el nombre Vela, por
nuestra forma de decir estar en vela o en vigilia, cuidando algo o a alguien.
De
este modo se firmó el tratado el 5 de Agosto de 1963 y los primeros satélites
Vela fueron lanzados dos meses más tarde.
Obviamente,
estos satélites tenían la habilidad no sólo de detectar explosiones en la
Tierra sino también en el espacio. Esto llevó a que los físicos del
Laboratorio de Los Alamos, New México, Ray W. Klesbesadel, Ian B. Strong y Roy
A. Olson, estudiasen los datos de
Vela, en la búsqueda de radiaciones de gran energía provenientes de Supernovas
en galaxias distantes. Sólo los satélites en órbita podían captar este tipo
de explosiones, dado que la atmósfera es opaca a estas radiaciones.
Evidentemente, el origen de estos colosales fenómenos es altamente controversial. Por el momento existe más teorías que eventos, como dijo un investigador de la materia.
En general, los astrofísicos favorecen las teorías que se basan en la idea que las GRB se originan en movimientos sísmicos de las estrellas de neutrones a más o menos 1000 años luz de aquí. Estos fenómenos podrían liberar energías del orden de 1038 ergios. Este modelo ha sido asociado a los fenómenos, como por ejemplo SGR 1900+14, que es una fuente repetidora y pulsante. La imagen muestra a esta fuente antes y después de la explosión de rayos gama. A estos fenómenos se los ha dado en llamar magnetares, porque están asociados a colosales campos magnéticos, del orden de 1015 gauss. Tengamos en cuenta que un imán de heladera tiene un campo del orden de 100 gauss y que una mancha solar tiene alrededor de 1000 gauss.

Otros,
en cambio, sostienen que las fuentes de estos fenómenos se encuentran en los
confines del Universo observable. El principal argumento radica en la distribución
espacial de las fuentes de rayos gama, que no muestra una dirección
preferencial, tal como lo muestra la figura, en la cual están representadas las
2704 explosiones de rayos gama detectadas por BATSE, un instrumental de detección
a bordo del observatorio orbital de rayos gama: el Compton Gamma Ray Observer,
que dejara de operar en Junio de 2000. Otro fundamento radica
en la duración del evento, que siempre es extremadamente corta.

Precisamente, la figura siguiente nos muestra un par de ejemplos de estos estallidos, también provenientes del equipo del BATSE (NASA Marshal Space Fight Center, Huntsville Alabama, EE.UU.). Aquí pueden verse curvas de luz de dos explosiones de rayos gama del 21 y del 15 de abril de 1991. En el eje de las abscisas se representa el tiempo en segundos, mientras que en el de las ordenadas se presentan las cuentas (cantidad de fotones recibidos en el detector) por segundo.

Se
ve claramente que la diversidad es una característica de estos fenómenos.
Uno
de los mayores desafíos de los estallidos de rayos gama es justamente el cortísimo
tiempo en que se desarrolla todo el fenómeno, lo que inhibe realizar un buen
seguimiento en múltiples longitudes de onda. Para ello, juntando los esfuerzos
del Compton-BATSE y del equipamiento terrestre ROTSE (Robotic Optical Transient
Search Experiment), en enero de 1999 se pudo tomar el ascenso, el pico y el
descenso de una explosión, cuya curva de luz puede verse en la figura.

De
este modo pudo detectarse el globo desvaneciendo de la fuente y a continuación
vemos una fotografía del evento:

Para
este año, el satélite HETE-2 será puesto en órbita y la resolución temporal
para la detección e identificación se mejorará, con lo que las posibilidades
de conseguir buenas imágenes y espectrogramas de las GRB aumentarán
considerablemente. Sin embargo, hasta que el observatorio múltiple Swift no sea
puesto en órbita, los tiempos no caerán en forma drástica.
Esto
ocurrirá en el 2003 y el Swift tendrá la posibilidad de obtener datos en
cuatro diferentes áreas del espectro electromagnético: rayos gama, rayos X,
ultravioleta y visible.
El 4 de marzo de 2000, un pequeño grupo de astrónomos aficionados, utilizando un telescopio de 40 años y una cámara CCD casera lograron lo que muy pocos profesionales: detectaron el débil desvanecimiento de una distante explosión de rayos gama. Bill Aquino junto a sus amigos de la Buffalo Astronomical Association, consiguieron fotografiar la explosión luego que Arne Henden, astrónomo del Observatorio Naval de los EE.UU. pusiera su alerta en la lista de discusión de AAVSO. Por aquel entonces, Bill era un nuevo asociado a la AAVSO.
Este sorprendente descubrimiento dio mayor fuerza a la
iniciativa conjunta de la AAVSO y del Marshall Space Flight Center de NASA, para
incentivar la colaboración entre aficionados y profesionales para lograr que
este tipo de observaciones sean más frecuentes. Justamente en abril pasado nos
reunimos en Huntsville, Alabama, EE.UU. en un taller patrocinado por ambas
instituciones para comprender mejor todo lo que es posible hacer por la ciencia,
con pequeños instrumentos de aficionados o escuelas, en el campo de la Astrofísica
de Altas Energías. La imagen muestra la nutrida concurrencia a este maravilloso
encuentro que nos ha proporcionado emocionantes experiencias a quienes hemos
podido participar.

Desde
estas páginas queremos entusiasmar a todos aquellos que posean un telescopio de
pequeño porte y una cámara CCD para que se unan a nuestra cruzada para
perseguir las explosiones de rayos gama, las más energéticas del universo, y
podamos ayudar a correr el telón de misterio que aún las encierra.
Quedo
a vuestra disposición para asesorarlos, como único iberoamericano presente en
ese taller.
Artículos consultados disponibles en Internet
Longitudes de onda y energías La luz, como energía electromagnética, se propaga
por el universo en una forma dual: es un fenómeno ondulatorio (o sea
que se propaga por ondas), pero la energía tiene su forma corpuscular,
que está representada por el fotón, que se encapsula en
paquetes (llamados cuantos). Como se trata de una onda, la luz tiene una frecuencia de
oscilación, que depende inversamente de la longitud de la onda. La
longitud de onda es la distancia entre dos de sus crestas más
próximas. La frecuencia, en cambio, es la cantidad de crestas que la
onda realiza por segundo. La luz se produce como resultado de un fenómeno que
genera radiación. Cualquier cuerpo es capaz de hacerlo, sólo es
necesario entregarle suficiente energía. Sabemos que podemos hacer luz
calentado un fósforo por fricción contra una superficie áspera, o
haciendo pasar una corriente de electrones por el filamento de tungsteno
de una bombita de luz. Notamos que existe luz de diferentes colores y también
sabemos que existe energía electromagnética que no es posible ver con
nuestros ojos, pero que es detectable por otros aparatos. Por ejemplo,
los visores nocturnos perciben la radiación infraroja que es luz de
otra longitud de onda, que no es visible por nuestros ojos. Nuestra piel
se quema en la alta montaña, cuando vamos a esquiar o a realizar
andinismo, por acción de una radiación que no percibimos, que es el
ultravioleta, que tiene una longitud de onda invisible a nuestros ojo. En el gráfico siguiente se han representado las
longitudes de onda en relación al tamaño de cosas que nos son
familiares, en alguna medida, y se ha indicado el nombre que tiene cada
radiación que, por supuesto, es luz.
De acuerdo a
la longitud de onda, la luz habrá provenido de un fenómeno de energía
diferente, de modo que cuanto mayor la longitud de onda, el fenómeno
que la originó habrá sido de menor energía. En la figura podemos observar diferentes fenómenos y la
energía que liberan en erg/seg.
La figura siguiente nos compara las escalas entre
frecuencia, longitud de onda y energía de los fotones, para cada tipo
de radiación.
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