
Por José Benegas
El obispo Hesayne, el padre Frignelo y otros muchos servidores de la Iglesia insisten en tratar de identificar sus ideas políticas autoritarias con la religión que dicen representar. En esa línea, no dudan en calificar de anticatólico a todo aquél que se identifique con el liberalismo y no son pocos los que por problemas de consciencia y temor a perder el cielo, son capaces de abandonar sus convicciones, sin reparar en que renunciar a la verdad, conforme lealmente se la representan, equivale a despreciar a Dios.
Sería por cierto fácil ganar el cielo siguiendo las instrucciones de un líder, pero la vida a la que fuimos lanzados se presenta un tanto mas complicada. No me imagino llegar aun juicio final enarbolando como defensa por los errores cometidos el respaldo de un obispo o un sacerdote, como si la divinidad fuera una oficina burocrática frente a la que cabe evitar quedar mal parado.
En el punto en discusión, lo primero que habría que aclarar es que es aquello que este sector denomina "neoliberalismo", porque coincido con Mises en que se trata de la mas moderna forma de socialismo o, si se quiere, una forma vergonzante de liberalismo. Precisamente por ese motivo aquel término atrae tanto a la remozada izquierda local. Parece reconocerles a ellos cierta superioridad moral que en modo alguno merecen.
La libertad individual, base de la filosofía liberal, es un principio moral y como tal no es negociable ni tan siquiera en aras de los pretendidos logros que podrían obtenerse con su conculcación (y que jamás se han verificado por aquello de que malos árboles no producen buenos frutos), salvo que se piense, como parece sostener la moral predominante, que el fin justifica los medios.
Diría mas, la moral es una cuestión inherente a la libertad. No la necesitan ni las plantas, ni los animales, ni los atribulados contribuyentes de los sistemas que distribuyen sin discriminar por mérito alguno lo que otros producen, simplemente porque no eligen y por lo tanto no son ni buenos ni malos. Negar la libertad humana es igual a terminar con la moral acabando en de un solo golpe con el bien y con el mal y cualquier religión que pretendiera desconocerla se estaría negando a si misma.
No solo el catolicismo no es posible sin reconocer la libertad individual, sino que ninguna religión verdadera - por oposición a las doctrinas políticas disfrazadas de religión, es decir a las teorías sofistas elaboradas para justificar al poder - ni ningún código moral que se precie de tal, son posibles sin aquella, que es su prerequisito y la razón de su existencia.
¿A quienes hablan estos servidores de la Iglesia?. Si niegan la libertad individual, si el individuo no puede elegir, porque según ellos eso sería anticatólico, su mensaje no tiene otro sentido que el de lograr que usted, yo y el resto, por temor, nos auto sometamos a los designios ajenos o, como ocurre mas a menudo aún, que los gobiernos nos esclavicen para nuestra buenaventura trascendental.
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