El Jaguar, el Sol y la Luna
"En tiempos remotos, el Sol y la Luna vivían su juventud en este
mundo. Pero cuando llegaron los hombres, el Matrimonio Celeste se fue a
vivir al Cielo, para seguir protegiéndolos desde la Nueva Morada.
Un día el Padre Sol comenzó a oscurecer. Como todavía desconocían los
eclipses, los hechiceros dictaminaron: Un Jaguar estaba devorándolo.
Los más valientes guerreros, enardecidos, estuvieron disparando flechas y
lanzas hasta que la fiera cayó vulnerada sobre la pampa.
El Sol resplandeció otra vez, para luego hundirse, majestuosamente, como
todas las tardes, en el Ocaso. Pero los estertores del Jaguar continuaban
aterrorizando a los hombres. Llegada la noche, imploraron ayuda a la Madre
Luna; y ella, alzando las piedras de las serranías, las arrojó sobre el
Jaguar hasta cubrirlo. El último de los peñascos se clavó en una flecha que
asomaba por el lomo de la fiera agonizante.
Los hombres recuperaron su felicidad. Pero como el Tigre no había muerto, sus
convulsiones agónicas siguieron estremeciendo desde entonces a la piedra
prodigiosa que oscilaba en su cima."
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