Las sierras del Tandil

Su formación precámbrica

Las sierras del Tandil habrían fraguado en el Precámbrico, hace unos 2500 millones de años, y tendrían una profundidad de 14 kilómetros, equivalente a dos veces la altura del Aconcagua.
Mientras toda la superficie del joven planeta cambiaba aceleradamente, rocas metamórficas y graníticas emergían y cristalizaban como peñascos gigantescos, en lo que luego serían las pampas bonaerenses.
Más tarde, los mares invadieron sus espacios durante 900 millones de años. Sobre el sedimento que dejó su retiro, tormentosos vientos, meteoritos, arenas y lluvias hirvientes cayendo por miles de años, fueron rellenando los espacios y puliendo las aristas.
Hoy día, cuando trepamos sus mansas alturas, estamos caminando sobre algunas de las cumbres más antiguas del planeta.

Las culturas primitivas

De Siberia al Tandil

Hace unos 30.000 años, grandes contingentes humanos que poblaban Siberia, empujados por los fríos de la última glaciación y por otros misterios que todavía se ocultan a la razón de los hombres, cruzaron por vez primera el estrecho de Bering, desnudo debido al congelamiento de los océanos, y penetraron en América.
Durante los veinte milenios siguientes estuvieron caminando y descendiendo cada vez más al sur. Hace unos diez mil años seguramente llegaron a estas pampas y fueron los primeros hombres en conocer las sierras que mucho más tarde nombrarían como del Tandil.
Todavía deambulaban aquí los últimos grandes mamíferos de la pampa: megaterios, smilodontes, mamuts y gliptodontes. Pero ya abundaban venados, guanacos, ñandúes y armadillos menores. Ellos fueron su alimento, su abrigo y quizá la razón principal de sus temporarios asentamientos.

Los primeros conquistadores españoles

Antes que conquistadores españoles pisaran tierras tandilenses, ya la hollaban yeguarizos descendientes de aquellos que quedaran en libertad tras la destrucción de la Buenos Aires fundada por Mendoza. Luego sobrevino la apetencia de cazarlos, en competencia con los araucanos que con el mismo objeto trasponían la Cordillera para venderlos en Chile.

Tandil "El peñasco que palpita"

Del siglo XVIII data una tradición:
El gobernador Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) habría cruzado las sierras del Tandil en busca de la Ciudad de los Césares y recogido de labios de pobladores indígenas aquí una leyenda sobre el origen mítico de la piedra Movediza.

El Jaguar, el Sol y la Luna

"En tiempos remotos, el Sol y la Luna vivían su juventud en este mundo. Pero cuando llegaron los hombres, el Matrimonio Celeste se fue a vivir al Cielo, para seguir protegiéndolos desde la Nueva Morada.
Un día el Padre Sol comenzó a oscurecer. Como todavía desconocían los eclipses, los hechiceros dictaminaron: Un Jaguar estaba devorándolo. Los más valientes guerreros, enardecidos, estuvieron disparando flechas y lanzas hasta que la fiera cayó vulnerada sobre la pampa.
El Sol resplandeció otra vez, para luego hundirse, majestuosamente, como todas las tardes, en el Ocaso. Pero los estertores del Jaguar continuaban aterrorizando a los hombres. Llegada la noche, imploraron ayuda a la Madre Luna; y ella, alzando las piedras de las serranías, las arrojó sobre el Jaguar hasta cubrirlo. El último de los peñascos se clavó en una flecha que asomaba por el lomo de la fiera agonizante.
Los hombres recuperaron su felicidad. Pero como el Tigre no había muerto, sus convulsiones agónicas siguieron estremeciendo desde entonces a la piedra prodigiosa que oscilaba en su cima."

Según algunos lingüistas, Tandil significa en araucano peñasco que palpita.
Ruedan otras leyendas o versiones literarias que pretenden alcanzar su rango; pero ninguna es tan bella ni luce con esos raros visos de legitimidad.

Explicación geológica sobre su presunto origen

Según el geólogo argentino Juan José Nágera, el cerro que ostentó hasta 1912 a la Piedra Movediza, estuvo cubierto desde su formación precámbrica por una capa de granito de muchos metros de espesor.
Cambios climáticos la rajaron y filtrándose por sus grietas, vientos y arenas, al profundizarlas, las desprendieron del núcleo original.
Este fenómeno orogénico, muy corriente, se llama exfoliación esferoidal.
Desde entonces, grandes fragmentos, roídos por las lluvias y los vendavales, rodando por las pendientes del cerro se acumularon a su pie. Pero uno de ellos, en forma casual, quedó en la cima en un equilibrio que pareció prodigioso, hasta el día de 1912, en que acabó por rodar al precipicio como sus hermanas que le precedieron.

El Fuerte Independencia

El 4 de abril de 1823 el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, fundó el Fuerte de la Independencia, que dió origen a la ciudad del Tandil. La fortaleza sirvió como base operativa de expediciones armadas, y como punto defensivo de la nueva frontera del sur pampeano.
Alrededor de 1860, lo que restaba del antiguo fuerte fue demolido y en sus espacios liberados se levantaron el Templo Parroquial, la Casa Municipal, la Comisaría y, mucho más tarde el Colegio San Jose, el ex Banco Hipotecario Nacional y el Museo de Bellas Artes.

Tandil y el trabajo

Tandil, originariamente agrícola y ganadera, vivió tempranamente su despertar industrial en la industria láctea y en la de la piedra labrada, con cuyos adoquines se pavimentaron muchas calles de la República Argentina.
Otras manufacturas, como la metalúrgica, que alcanzó rango nacional, la alimentaria y la textil han completado su perfil industrial. Pero las serranías atrajeron siempre a los turistas y la piedra Movediza le dio una fama que se ha prolongado mas alla de su caída.

Antiguos testimonios sobre la piedra movediza

De ser fundada la versión de varios historiadores, puede que el de Hernandarias sea el primer testimonio escrito sobre la existencia de la fantástica piedra del Tandil. Una infortunada cacería de vacas cimarronas protagonizada por el estanciero cordobés Antonio de Garay, que incursionara por esta región en 1707, insertó el nombre del Tandil en la investigación que motivó su muerte y la de sus peones, como la más antigua de las referencias judiciales sobre su existencia. En el siglo pasado, naturalistas del prestigio de Eduardo Holmberg, del perito Francisco P. Moreno, escritores como Santiago de Estrada o viajeros extranjeros como William Mc Cann y Martín de Moussy, dejaron vívidos testimonios en sus descripciones.
"Esta piedra gigantesca se halla en equilibrio sobre el pedestal monolítico que la soporta por un péndulo estrecho y redondeado que se adapta en una especie de muesca natural que deja, entre la piedra y su sostén, un espacio vacío", refería de Moussy en 1860.
..."Una persona un poco medrosa evitaría ponerse a su sombra por temor a que una brisa precipitara su derrumbe", decía Mc Cann en 1847.
Personalidades argentinas de todos los tiempos la visitaron obligadamente, como el doctor Luis Saenz Peña, siendo Presidente; el Teniente General Julio A. Roca y el doctor Carlos Pellegrini o el escritor español Vicente Blasco Ibáñez. No hubo hombre notorio que llegando a Tandil no fuera a conocerla.

La caída de la piedra

En la tarde del 29 de febrero de 1912, sin un solo testigo que pudiera presenciar el suceso, la piedra Movediza se precipitó en el vacío. El fenómeno que diera fama al Tandil durante casi dos siglos se derrumbó en medio del estupor y la congoja nacional.
Muchos opinaron sobre las causas de su caída: las atribuyeron al desgaste que habría provocado en su base los miles de botellas que, apoyandolas en su gozne natural, probaban, al partirse, la realidad de su movimiento.
Sostuvieron otros que los balanceos provocados por los visitantes rebasaron su equilibrio crítico. Geólogos e ingenieros han afirmado que, en realidad, la piedra estuvo "cayéndose" desde centenares y quizá miles de años, sobre su punto de apoyo hasta que excedió los límites de su estabilidad.

La ausencia del símbolo

La traza esquematizadora de su perfil ausente ha pasado a ser el símbolo de ciudad serrana bonaerense, como en el medioevo lo eran la cabeza del águila imperial y las flores de Lis, la torre almenada o el león y las alabardas.
Decenas de instituciones y el propio municipio la insertaron en el logo de su heráldica y algunos comercios tomaron su nombre. Hubo hoteles, clubes, canteras, emprendimientos culturales, colchonerías, zapaterías, fabricas de soda y transportes, que lo llevaron o que todavía lo lucen. En tales casos y en otros, cuadros, reproducciones de antiguas fotos, letreros, pinturas, perfiles de gas neón, ceniceros y pisapapeles, memoraron su figura. Y a principios de siglo, hasta hubo una réplica de significativo tamaño que coronaba una esquina comercial en 9 de julio y Sarmiento.
Cíclicamente, se renuevan promesas, protestas y proyectos de reponerla en su cima. Proponen técnicas audaces, variadas e inversiones seductoras. Algunas se controvierten. Pero ninguna polémica, por áspera que sea, se atreve a negar la realidad de su rango emblemático. Y hasta los que opinan que debería respetársela intacta en su tumba de granito, cielo y pampa, invocan como razón, la de la veneración silenciosa que inspiran los despojos amados.
El "Peñasco que palpita" nunca murió del todo. Y mientras haya capacidad para asombrarse y Tandil conserve la fe en su Destino, seguirá oscilando en la cima de su orgullo, desafiando otros vientos y el Olvido.
HUGO NARIO. Tandil, Noviembre de 1996