Obra de Teatro Quichua-Castellano
de
Carlos Maldonado
La presente versión relata la historia
de una mujer que recién terminó su adolescencia y cuya edad
no es tenida en cuenta por sus padres. Ella se llama Agripina, nacida y
criada en la campaña con toda la idiosincrasia campesina, en un
paraje donde reina el habla quichua y donde el nivel cultural de algunos
lugareños es escaso, como el de los padres de Agripina. Ella vive
con sus padres, es la única hija soltera y es muy querida por la
vecindad; sus amigas cariñosamente la llaman “Agri”.
Agripina está cansada con las tareas del
campo. Más al ver a sus amigas que fueron dejando el pago y se trasladaron
a la ciudad para trabajar como empleadas domésticas. Muchas veces
Agripina les sugirió a sus padres, pero ellos se negaron rotundamente.
Ella insiste, quizás ante la inducción de sus amigas, que
le comentan lo que conocieron en la ciudad y quienes, después de
cierto tiempo, vuelven totalmente diferentes en todo el sentido de la palabra.
Agripina también quiere “cambiar”, “conocer el pueblo”, como
dice ella cuando habla con sus padres sobre este tema. Don Matías
y doña Pastora (que son sus padres) tratan inútilmente de
mantenerla alejada de sus amistades, posiblemente por temor a que éstas
la induzcan a que Agripina deje su hogar, para trasladarse a la ciudad.
Ante la negativa de sus padres, Agripina sufre mucho muchísimo.
Llora, a veces desconsoladamente, cuando queda sola en el rancho. Pasan
muchas ideas por su mente, muchas veces oscuras. No sabe qué hacer,
anda totalmente desorientada.
Un buen día, en uno de esos momentos amargos
de su ajetreado andar, llegan sus padrinos don Cosme y doña Pancha.
Estos se sorprenden al encontrar llorando a su ahijada, a quien quieren
muchísimo. Le preguntan los motivos por los cuales está llorando,
ella les responde sollozando (ver libreto general); no obstante les advierte
que, en caso de que sus padres se mantengan en su negativa, ella tomará
una grave determinación (ver libreto general), ya que se considera
mayor de edad y dueña de sus actos.
Sus padrinos se comprometen interceder ante sus
compadres para que acepten el requerimiento de Agripina. En un principio
todo fue infructuoso, pero finalmente don Matías y doña Pastora
acceden a pesar de que éstos discuten a veces acaloradamente (ver
libreto general) hasta que finalmente llega esta cuestión a un feliz
término, aunque fuera envueltos de tristeza ante la partida de Agripina,
la donosa que va en busca de otros horizontes (ver libreto gral.).
Don Cosme: (cuando llega don Cosme, padrino
de Agripina, la encuentra llorando y le dice:)
“Imaq waqapachkanki waay, ah...?”
“Por qué me lo estás llorando hija
mía, ah ... ? ”
Agripina: (llorando va a los brazos de
su padrino)
“padrinuy, mana kachaanaanku siwdarman llamkanaypaq,
mana kachaaptinkunaa, noqa rini warkunakoq”
“Padrino, no me queren mandar a la ciudad para
que trabaje. Si no me quieren mandar, yo me voy a ahorcar”.
Doña Pancha: (que trata de consolar
a su ahijada)
“Mana waay, imaqtaq chayna ruwaq rinki, manami
allichu”
“No hija mía, por qué vas a hacer
así, no es bueno”.
“Kachasonqankumi, chaqaypi ris llamkanki suk
‘dotor’ yanasuyan”.
“Si te han de mandar, allá yendo vas a
trabajar con un doctor amigo, pues.”
“Ni imapas mana chusasonqa.”
“Nada no te va faltar”.
Cuando están desarrollando este diálogo, llegan don Matías y doña Pastora cada uno con una bolsa sobre el hombro, al parecer vienen del cerco. Estos, que son los padres de Agripina y, por lo tanto, compadres de don Cosme y de doña Pancha. Luego de saludarse amablemente y después de una corta conversación, sobre diversos temas relacionados a tareas del campo, don Cosme encuentra el momento adecuado para plantearle a su compadre sobre el problema de su ahijada Agripina y le dice lo siguiente:
Don Cosme:
“Kumpay, ayhadayku siwdarman rinaas purisqa,
imaq má kachankish?”
“Mi compadre, nuestra ahijada había andado
queriendo ir para la ciudad, por qué no la mandan, pues.”
Don Matías: (que no recibe con amabilidad
la sugerencia de su compadre responde de esta manera):
“Qaay kumpay, cha saa puriptiykee rimanaas,
sumaq kanman upallanayki”.
“Vea mi compadre, si anda por hablarme sobre
eso, sería bueno que se calle”.
Doña Pancha:
“Paa na edarniyoq a ruwanampaq munasqanta
i qamkuna allita yachankish kumpa”.
“Ella ya tiene edad pues, para que haga lo que
quiera y Uds. saben bien".
Doña Pastora: (bastante molesta
por las palabras vertidas por su comadre, responde de esta manera):
“Noqa mana yachaq karani compadresniy “letraw
kasqankunataa, leyesta yachaqkuna kasa kanku”.
“Yo no había sabido saber que mis compadres
habían sabido ser letrados. Habían conocido pues las leyes”.
Don Matias: (no puede disimular su enojo, más
con su esposa).
“Upallay vieja, sikin monturayna”.
“callate vieja, el trasero como montura”.
“Chayta mana deberanki sorqoyta llamkas ima.
Vieja simila.”
“Ese no habrás sacado trabajando eso.
Vieja bocona”.
Doña Pastora:
“Kunan ninki ima, qaman sirikus ima
sorqosqayta”.
“Ahora vas a decir que acostándome con
vos eso he sacado”.
“Upallay viejo, noqaan puñus chayraq
kabrapa saruyninta reqseranki. Viejo virgo karanki, mana yuyanki”.
“Callate viejo, recién durmiendo conmigo
has conocido rastro de cabra. Viejo virgen has sido, no te has de recordar”.
Don Matías:
“Upallay niyki Pastora, tontachu kanki, noqachu
waqrulu kani”
“Callate te digo Pastora, sos tonta, o
yo soy cornudo, ah?”
Don Cosme:
“Imaq chayna ninakunkish, manami allichu”.
“Por qué se dicen así, no es bueno
pues”.
Doña Pastora: (cada vez más
enojada)
“Noqa mana nisaq qari mana chamkaasqantá,
ka viejota ari niporani chayraq saqes sukunaan”.
“Yo no he de decir que no me ha tocado un hombre,
a este viejo le he dicho que sí, recién cuando he dejado
con los otros”.
Don Matías: (este se pone de pié,
muy enojado le dice a su señora)
“Qam upallaqchu rinki warmi, o munankichu
maqasunayta”.
“Vos te vas a callar mujer, o quieres que te
pegue".
Doña Pastora llora resentida con su esposo,
pero sigue hilando, se seca las lágrimas con la punta de su pañuelo
que lo lleva atado a la cabeza. Cuando están en pleno alegato y
por lo visto apartados de la cuestión principal, llegan dos amigos
y vecinos, uno de ellos con una guitarra, que son don Pudi (Prudencio)
y don Zenón, quienes lo hacen un poco alcoholizados.
Don Zenon trae una damajuana con vino. Ambos
son recibidos amablemente por don Matías, como si se olvidara totalmente
del incidente que había tenido con su esposa, pero ésta demuestra
indiferencia hacia los recién llegados.
Los ‘tomadores’ (como les llaman los lugareños)
se detienen en la entrada del patio, quizás sin darse cuenta que
ya están en la casa conversan animadamente, se alaban de alguna
conquista. Al notar cierta indiferencia de parte de doña Pastora,
don Zenon le dice con ironía.
Don Zenón:
“Na hetaykita largas tiyanki, kaballu viejoyna”.
“Ya estás largando la jeta como caballo
viejo”.
Doña Pastora:
“Noqacha yachani imaqtaq hetayta largas tiyani,
qamta manami importasunchu. Upallas cha binota satikuy wasaykita lloqsinankaman
(lloqsisunankama)”.
“Yo sabré por que estoy largando mi jeta,
a usted no le importa y tomá vino hasta que te salga por tu parte
trasera ”.
Don Matías:
“Upallay á warmi, saqey cha alegayta
cha qarian, munaspachu purinki ima. Vieja rupayniyoq”.
“Callate pues mujer, deja de alegar con ese hombre
o lo andas queriendo eso? Vieja caliente ”.
Don Pudi:
“Qampas upallay á Zenón, imaq
má kantapukunkillapas”.
“Vos callate pues Zenón, por que no les
cantas siquiera”.
Ante el pedido de su compañero, don Zenón prepara su guitarra y le hace un ‘amague’ con el instrumento a doña Pastora. Está visiblemente enfadada. Más al verlo que su esposo don Matías empezó a beber. Don Zenón comienza a templar su guitarra y su compañero le pide que no emplee palabras de ‘grueso calibre’. El le responde así:
Don Zenón:
“Noqa alli wiñasqa kani, wawqey. Saqrastá
mana rimasaq”.
“Yo soy bien criado hermano, yo no se hablar
‘malas palabras’ ”.
y don Zenón empieza de esta manera:
Don Zenón:
“Ahí tiene doña Pastora / su mal
quisiera curar / siendo un rato su marido / para hacerla reca... ”
Antes que termine la última frase, don Pudi lo interrumpe, al notar que va decir algo obsceno. Toman unos tragos, don Zenón más entonado dice este dicho, seguido de un grito:
Don Zenón:
“Viva yo y el que me fía”.
Doña Pastora:
“Tukuy pacha pitisqalla kawsaq kanki.
Kolyakus wañoj Escopetayna. Penqayta maná reqsis.”
“Todo el tiempo sueles vivir cortado pues, pidiendo
prestado como el finado ‘Escopeta’. Sin conocer la vergüenza”.
A doña Pastora nadie la cae en cuenta,
excepto don Matías quien, luego de mirarla fijo, le hace una seña
con la mano como quien diciendo “andate”.
Siguen bebiendo los cuatro hombres, estos
le piden a don Zenón que cante algo bueno de esas coplas lindas
que suele cantar y éste pregunta si quieren que les cante en quichua
o en castellano, le contestan que lo haga mezclado. Templa su guitarra
y comienza de esta manera:
Don Zenón:
“Kaypi kantaq tiyakuni / debajo este árbol
moto / si me quedaba en casa / me estaba tincando el co....”
Don Pudi y los demás presentes, se dan cuenta que don Zenón nuevamente va querer decir algún improperio, y lo interrumpen con un grito. El cantor pareciera tener sueño o hambre. Bosteza, don Pudi le pregunta sonriendo:
Don Pudi:
“Yarqanki wawqey?. Noqapas wawqey, saqrallata
qaachkani”.
“Tienes hambre hermano? Yo tambien
hermano. Feo nomás estoy viendo”.
Don Matías al escuchar esta conversación de sus amigos, llama a su hija Agripina y le ordena lo siguiente:
Don Matías:
“Amuy waay, imallatapas apampukuy ka yarqalusta”.
“Ven hija mía, traeles algo a estos hambrientos”.
Agripina:
“Tortillaan kesoan rini churapukoq, tatay”.
“Tortilla con queso les voy a poner, padre”.
Doña Pastora:
“Payllapas mikunantá ka viejo waqruloo,
cha machalus masisninta risqa mikuchikoq qaaysh á”.
“En vez que coma é1 este viejo cornudo,
a estos borrachos como él había ido a hacerlos comer”.
Don Matías:
“Upallay vieja mana alli, kaanan mulapa frenonta
churasqayki”.
“Callate vieja no cosa buena, ahora te voy a
poner el freno de la mula.”
“Hodeayta saqeq rinki”
“Vas a dejar de joder”.
Don Pudi:
“Noqayku viejaywanqa tutapi solo pelyaq kaycu
siris”.
Nosotros con mi vieja, solo de noche sabemos
pelear acostados.
Doña Pastora:
“Ah... alabakuylla usus kawsasqaykimanta”.
“Ah... alabate nomás de lo que vives
careciendo”.
“Mana yuyanki yaarniykipi mishkiyoq kasqaykita”.
No te has de recordar que tienes azúcar
en tu sangre.
“Chayrayku mana sirwinki ni imapaspaq”.
“Por eso no sirves para nada”.
A esta altura de la cuestión, los hombres ya están totalmente borrachos, menos el compadre Cosme que está más cuerdo y aprovecha para reiterarles el pedido a sus compadres para que dejen ir a Agripina a la ciudad. Simula llorar y se dirige de esta manera:
Don Cosme:
“Kumpay, noqa ancha nanasqa tiyani, ayhadayta
mana kachanaaptiykish siwdarman. (pareciera que llorara de verdad).
Kachaysh kumpay”.
“Compadre, yo estoy muy dolido, por que no la
quieren mandar a mi ahijada para la ciudad. Mandenla compadre”.
Doña Pastora:
“Noqapa lawmanta rini nisoq, richun, pero
bumbulo ima amuptenqa qam uchayoq kaq rinki”.
“De mi parte le digo que se vaya., pero si llega
a venir embarazada Ud. va a tener la culpa”.
(Doña Pancha también ya está algo ebria por efectos del alcohol) pero no obstante de dar su consentimiento, doña Pastora se dirige a su comadre Pancha y llorando le dice:
Doña Pastora:
“Imata ruwasaq kumay, rini cha sapallan kuteq”.
“Que voy a hacer comadre, voy a quedar sola”.
Don Matías:
“Bweno kumpay, cha ‘dotorman’ req riptenqa,
richun chaypachá”.
“Bueno compadre, si es que va ir a ese doctor,
que se vaya entonces”.
Dado al estado de embriaguez que visiblemente presentan los hombres, estos quedan dormidos en sus asientos. Doña Pancha y doña Pastora conversan animadamente, pero también se les nota que tienen algo de alcohol en la cabeza, ya que a veces se ríen a carcajadas.
Fin del 1er. Acto.
Por sugerencia de los compadres se había dispuesto que se haga una fiesta de despedida a Agripina. Ella está muy contenta, pareciera que está en un mundo de felicidades, más cuando llega el día de tal acontecimiento como es la fiesta de despedida. Hay varias chicas amigas de Agripina que fueron a ayudar en los preparativos. Acomodan las mesas, sillas para los asistentes. A todos se los ve contentos. Ladran los perros, todos se vuelven a mirar como es costumbre del campesino para mirar quien viene. Agripina sale a recibirlos ya que se trataba de don Zolano (don Shula) y doña Shimu (doña Simeona) ambos apoyados en sus bastones, dada su edad avanzada, estos dos ancianos son los abuelos de Agripina. Doña Shimu (que era muy sensible) llega llorando y abraza a su nieta, diciéndole estas palabras (antes Agripina le pide la bendición):
Doña Shimu:
“Imaq karuman rinaanki waay, tukuyta wikchus,
kabrasniyki rinku tukukoq, noqa wañupteyqa, mana yachaq rinki”.
“Por que querés ir tan lejos, hija, botando
todo, tus cabras se van a terminar, cuando yo muera no vas a saber pues”.
Agripina consuela a su abuela, don Matías que las está observando (doña Shimu es suegra de éste) dice lo siguiente:
Don Matías:
“Bwé, swegray kunan rin asta allqosta
waqachikoq. Vieja mana sirweq”.
“Bueno, ahora mi suegra los va hacer llorar hasta
a los perros. Vieja inservible”.
Como doña Shimu es sorda no escucha lo que le dice su yerno y ésta nuevamente le dice a su nieta:
Doña Shimu:
“Wawitay, imata chusasun, ususpachu kawsanki?”
Hijita, qué te falta, vives careciendo?
Don Matías:
“Saqey á waqayta doña Shimu,
ni pipas manami wañunchu”.
“Deje de llorar doña Shimu, nadie ha muerto”.
Don Shula: (rengueando y tomándose
la cintura)
“Ima oras rinku amoq cha musikerosniykee Matías
om...”
“A qué hora van a venir pues tus musiqueros
Matías hombre.”
Don Matías: (un poco
molesto)
“Chayaptinkuna yachankish”.
“Cuando lleguen van a saber”.
Doña Pastora:
“Uyariy viejo saqra, kuchi garwanpi pureq
traza imaq chayna nipunki tataytá”.
“Oye viejo feo, aspecto de chancho que anda en
la lluvia, por qué le dices así a mi papá”.
Don Matías: (mirándolos
a los demás y a modo de broma)
“Kunan tuta mana fiero nianki, vieja
llulla”.
“Esta noche no me has de decir feo, vieja embustera”.
Doña Pastora:
“Mishiyki imacha nisonqa á, paywan
puñoq kanki, viejo qella”.
Tu gato eso te ha de decir pues, con é1
sabes dormir.
“Ususqanmanta alabakonqa ima”.
De lo que carece eso se ha de alabar.
En razón de que están demorando en llegar los músicos, don Matías decide mandarlos a llamar con el Changuilo (el chico mandadero).
Don Matías:
“Changuiluu, maypitaq purinki
waa mana kasukoq”.
“Changuiluu, adónde andas, chico que no
hace caso”.
El Changuilu viene corriendo sin apartarse de su inseparable honda.
El Changuilu:
“Niylla señó, mayman munanki
rinayta?”
“Diga señor para dónde quiere que
vaya?”
Don Matías:
“Puriy nipuy don Libishuta amoqchu rin, manapé
willasuchun”.
“Vete decile a don Libishu (don Liberato) si
va venir, o sino que te avise”.
El Changuilu:
“Si señó, si señó,
wayrakachas req rini”.
“Si señor, si señor, corriendo
voy a ir”.
Las niñas preparan el lugar donde van a estar los músicos. Otras preparan la mesa con las empanadas y el infaltable vino. Ladran los perros, rebuzna el burro y relincha el caballo. Era por que llegaba don Libisho (Liberato) y don Machicu (don Marcelino) que son los músicos. Sale don Matías a recibirlos y les dice esto:
Don Matías:
“Noqa nerani Libishu wañun imachus,
chayraykucha mana amun á”.
“Yo he dicho, Libishu no irá a venir pues.
Habrá muerto pues eso, por eso será que no viene”.
Don Libishu: (en tono de broma)
“Imaq wañusaq yanasuy, panayki waqanampaq”
Por qué voy a morir amigo, para que llore
tu hermana?
Don Machicu:
“Chayna nichkaptin wañoq ‘Sikin Tika’
chayllapi urmas wañusa kara y suklla kutis ma”.
“Así cuando ha estado diciendo el finado
"Siquin Tica” ahí nomás cayendo había muerto y una
sola vuelta".
Don Matías: (les invita a sentarse
y les invita vino) haciéndoles la siguiente pregunta:
“Yaku mapata ampatitusniyoqta upyaq kankish?”
“Agua sucia con sapitos saben tomar?”
Don Libishu: (como es más dicharachero)
“Imaq maa wawqey. Panay neq chayna imaynami
yachanayman pichus inbentara kaytaa”.
“Por qué no hermano, como decía
mi hermana, cómo quisiera saber quién ha inventado esto”.
Don Matías:
“Saqeysh llullayta hom... qemikuysh akuysh
mikoq. Mikuysh noqa kawsasqayllapi.”
“Dejen de mentir hombre .. arrímense
vamos a comer. Coman por lo menos mientras yo viva”.
Todos se ‘arriman’ a la mesa a comer empanadas, la mayoría lo hacen de parados, excepto los abuelos don Shula y doña Shimu. Después de comer más que dos empanadas, don Shula sale al centro de la pista y le dice a don Libishu:
Don Shula:
“Ma ver Libishu uyarichipay suk chakarera
sachapa asnaqniyoqta”
“A ver Libishu, hacemelo oír una chacarera
con olor a monte”.
Don Libishu de inmediato se prepara, lo mismo que su guitarrero pero antes don Libishu le responde de esta manera:
Don Libishu:
“Imaq mana tiw Shula, ka rin munasqaykee”.
“Por que no tío Shula, aquí va
lo que esta queriendo”
Don Shula la invita a su esposa doña Shimu,
y esta viene de inmediato, diciéndole a su ‘viejo’:
Doña Shimu:
“Akuysh tyemposniyshta yuyaq viejoy”.
“Vamos a recordar nuestros tiempos viejo”.
Don Shula: (con picardía)
“Qayna tuta maa yuyaranchis viejay?”
“Que no, ayer por la noche nos hemos recordado,
vieja?”
Finalmente bailan la chacarera que momentos antes había pedido don Zolano (don Shula), pero la bailan con estas relaciones:
| Qaaway vidaymi qaaway
ama saqeychu qaawayta imapaq suk ruwakunki rogaas purinki wasayta. |
Mirame viday mirame
no me dejes de mirar para qué estás disimulando Si después me has de rogar. |
| Qaarani achka qarista
kwentapi maa apikorani qaminayna saqrastaa ayllusniypaq saqerani. |
Yo conocí muchos hombres
nunca los tuve en cuenta pero a feos como vos se los dejo a mis parientes. |
Los bailarines llegan al final de esta pieza musical,
muy cansados. Todos se ríen al escuchar estas relaciones y
sigue el baile, algunos asistentes a la fiesta ya están ebrios por
efecto del vino.
Bailan, se ríen y ‘vivan’ a Agripina.
Otros le dicen mientras baila:
“Ama riychu, Agrisita, ama riychu”.
“No te vayas Agrisita, no te vayas”.
Agripina se ríe y les hace señas
que se callen.
Mientras que los asistentes saborean las ricas
empanadas y toman constantemente el vino que está en una damajuana
a disposición de los asistentes. En plena acción de la fiesta,
el padrino de Agripina, don Cosme, ante la insistencia de su esposa doña
Pancha, se para en el centro de la pista y dice en voz alta:
Don Cosme:
“Uyariychis, uyariychis, baile tukukoq rin.
Naa oras kan Agripina rinampaq. Onibun na amoj rin”.
“Escuchen, escuchen, se va terminar el baile,
ya es hora que vaya Agripina. Ya va venir su ómnibus.”
Ninguno puede disimular su tristeza; Agripina empieza a despedirse de las presentes, se confunden los abrazos, todos lloran. Más doña Pastora y la abuela Shimu, lo mismo que doña Pancha. Doña Pastora le grita a su hija diciéndole las siguientes palabras:
Doña Pastora:
“Alli risuchun wawitay, Tata Yaya yanapasuchun.”
“Que te vaya bien, hijita mía, que
Dios te ayude.”
Los mozos y las chicas que también lloran
le dicen a Agripina:
“Adiós Agri, eskribiayku. Nos has
de escribir.”
Un joven asistente llora desconsoladamente cuando se despidió de Agripina, al parecer sería su novio pero nadie dice nada. Este queda muy dolido. Hasta hace la señal de la cruz cuando se va Agripina quien le hace señas y él responde con un movimiento de cabeza.
Fin.